3 de septiembre de 2007

Clarín: Misterio en Hurlingham: ¿quién acribilló a un ladrón con una 45?

Un Ford Ka plateado, tres balazos calibre 45, la ropa de la víctima y múltiples identidades. Con esos elementos la Policía de Morón y el fiscal Fernando Capello empezaron a armar el rompecabezas que se les presentó el lunes 21 de agosto a la mañana cuando el cuerpo de un hombre, que había sido arrojado desde un auto, fue hallado a la vera de un arroyo en Villa Tesei, Hurlingham. Luego de casi dos semanas de investigación, el misterio estaría por develarse: la hipótesis más firme es que la víctima era un ladrón que fue herido por un comerciante durante un robo y su cómplice lo abandonó cuando agonizaba.

Capello y los policías de la DDI esperan para esta semana el resultado de unas pericias balísticas que serían determinantes para el caso, en caso de que las estrías de los tres plomos calibre 45 que estaban en el cuerpo de la víctima coincidan con el caño del arma de un joyero de La Matanza que fue asaltado ese mismo lunes por dos hombres.

El auto. Eran poco más de las 9.30 cuando los vecinos de Mario Bravo y arroyo Soto vieron que un Ford Ka plateado se detenía junto al basural que se forma en la vera del arroyo. El conductor se bajó, rodeó el coche y sacó por la puerta del acompañante lo que en ese momento muchos vieron como un bulto. Los testigos no prestaron más atención a esa secuencia y cada uno siguió en la suya. Hasta que uno de ellos se acercó y descubrió que el bulto era el cadáver de un hombre.

La Policía y el fiscal llegaron pocos minutos después. Los testigos mencionaron el Ford Ka, aunque ninguno tomó el número de la patente, y dieron una vaga descripción del hombre que había arrojado el cuerpo.

Los plomos. La víctima recibió tres balazos entre el brazo y el pecho. Lo curioso fue que dos de esos plomos quedaron sobre su panza. Los investigadores pensaron que se trataba de un mensaje mafioso y apuntaron a un ajuste de cuentas, aunque al final resultó ser, aparentemente, de casualidad que quedaron allí.

La ropa. La víctima estaba bien vestida. Llevaba un sobretodo corto de paño gris, un traje, un pulóver escote en ve, camisa blanca y zapatos. De entrada su vestimenta reforzó la postura del grupo de investigadores que pensaban que se trataba de un ajuste de cuentas. El hombre además estaba bien afeitado y tenía un corte de pelo prolijo. Los peritos buscaron sin éxito entre sus ropas algún documento o tarjeta que lo identificara, pero sólo hallaron un billete de dos pesos.

Algunos pensaron en ese momento que podía tratarse del abogado Cristian Vázquez, pero lo descartaron enseguida. Vázquez fue hallado asesinado unos días después en Ezeiza.

Identidades. Tardaron unas horas extras en identificarlo porque el hombre padecía una inflamación en la piel que complicó el proceso de tomarle las huellas. Finalmente lo hicieron y al día siguiente la víctima fue identificada por el sistema AFIS.

Se trataba de Raúl Ernesto García, de 56 años, un hombre con un prontuario importante por robos agravados portación ilegal de armas, asociación ilícita y estafas que recorrió varios penales bonaerenses a los que ingresó con entre ocho y diez identidades distintas: a veces Raúl Montaña o Raúl Saldaña o anteponiendo otros nombres al apellido García. Había estado preso hasta fines de 2006. Sus últimos tres domicilios figuraban en San Miguel y José C. Paz pero eran direcciones inexistentes.

El fiscal Capello y los policías de la DDI de Morón empezaron a cruzar datos con otras fiscalías y brigadas policiales. Así llegaron a La Matanza, donde esa mañana de lunes, poco antes de las 9, dos ladrones bien vestidos intentaron robar a un joyero cuando abría su local. El hombre resistió el robo con su pistola calibre 45 y los ladrones escaparon sin robar nada en un "auto chico", como declaró el comerciante a un fiscal de La Matanza.

Creen que el cómplice fue hacia Villa Tesei con su compañero herido y lo dejó en el arroyo Soto junto a un basural. Si las pericias balísticas lo confirman, la causa pasaría entonces a la fiscalía de La Matanza que investiga el robo. Mientras, el cuerpo de García, Saldaña o Montaña sigue esperando en la morgue que algún familiar lo reclame.