17 de julio de 2007

La Nación: Una historia de espías digna de la Guerra Fría

LONDRES.- La decisión del gobierno de Gordon Brown de expulsar a cuatro diplomáticos rusos por la negativa de Moscú a extraditar al principal sospechoso de la muerte del ex espía Alexander Litvinenko es el último capítulo de un caso que recuerda los años de la Guerra Fría.

La historia, que podría ser perfectamente el guión de una novela de espías, comenzó el 1° de noviembre pasado, cuando Litvinenko, un firme opositor al presidente ruso, Vladimir Putin, se reunió en el hotel Millennium, de Londres, con Andrei Lugovoi, ex agente de la KGB, y su socio, otro ex espía, Dimitri Kovtun. En esa reunión, Litvinenko tomó un té envenenado con una sustancia radiactiva llamada polonio 210.

Las investigaciones posteriores confirmaron que la tetera utilizada ese día estaba muy contaminada con polonio 210.

Además, se hallaron rastros de esa sustancia en los aviones utilizados por el principal sospechoso, Lugovoi, para llegar y salir de Londres.

Ese mismo día, Litvinenko había comido en un restaurante japonés con el académico italiano Mario Scaramella, quien le habría facilitado información sobre los presuntos asesinos de la periodista rusa Anna Politkovskaya, el 7 de octubre, que Litvinenko estaba investigando.

Horas después, el ex espía se sintió mal y fue internado en el hospital Barnet General, en el norte de Londres.

El 11 de noviembre, Litvinenko, que había pedido asilo político en Gran Bretaña por sentirse víctima de los servicios secretos de su país y que tenía nacionalidad británica, manifestó su temor a haber sufrido un "grave envenenamiento", en una entrevista con el servicio en ruso de la BBC.

Debido al agravamiento de su estado, el ex espía fue trasladado el 20 de noviembre a la unidad de cuidados intensivos del University College Hospital, el segundo centro médico en el que estuvo internado, que difundió imágenes de un Litvinenko demacrado y sin pelo.

Mientras tanto, en Moscú, el Servicio de Espionaje Exterior (SVR) negó el 22 de noviembre cualquier implicación en su aparente envenenamiento.

El 23 de noviembre, tras un grave deterioro de su salud, Litvinenko falleció sin que los médicos lograsen detectar el motivo de su enfermedad.

Scotland Yard admitió la investigación de la muerte. Al día siguiente, la agencia británica de Protección de la Salud confirmó que se había hallado en la orina de Litvinenko una "gran cantidad" de radiación alfa, probablemente emitida por polonio 210. Además, se difundió una carta póstuma de Litvinenko en la que acusaba a Putin de estar detrás del supuesto crimen.

El FBI, que colaboró con los peritos británicos, anunció que sospechaba que los envenenadores del ex espía no estaban lo suficientemente entrenados en el traslado del material radiactivo y que posiblemente hubieran resultado afectados.

El 27 de noviembre, tres personas, a las que seguirían varias decenas más, fueron derivadas a una clínica especializada para ser sometidas a pruebas de contaminación radiológica con polonio 210, sustancia de la que se encontraron rastros en varios sitios de Londres, entre ellos dos aviones de British Airways, un estadio y tres hoteles.

Scotland Yard, que envió nueve detectives a Moscú a investigar el caso, anunció el 6 de diciembre que consideraba que la muerte de Litvinenko había sido un asesinato. En mayo, solicitó a Rusia la extradición de Lugovoi, lo que Moscú rechazó el 10 de este mes.