5 de junio de 2007

Clarín: Crecen las protestas contra el G-8 y hay alarma en Alemania

Cuando Alemania aún no salía de su estupor por los violentos choques entre activistas "globalifóbicos" y la Policía en la ciudad norteña de Rostock, el fin de semana, con un saldo de mil heridos, ayer, otra vez, se desataron los disturbios por parte de manifestantes que protestan por la cumbre del Grupo de los Ocho (los siete países más industrializados y Rusia) que comienza mañana, en el super custodiado balneario vecino de Heiligendamm.

Las nuevas "escaramuzas" que incluyeron piedras y botellazos entre unos 2.000 manifestantes y la Policía, suponen el tercer día de incidentes, provocando alarma en el gobierno de Angela Merkel, anfitriona del encuentro y presidenta de turno del G-8.

Entre 10.000 y 15.000 personas marcharon ayer hacia el puerto de la ciudad y un centenar tomó instalaciones migratorias para protestar contra el trato dado en Europa a los extranjeros. Hubo 49 arrestados y un número no determinado de heridos

Entre hoy y mañana se espera la llegada de unos 80.000 manifestantes. El gobierno alemán se declaró sorprendido por la fuerza de las protestas y su violencia, y dispuso un inusitado despliegue de seguridad con 16.000 policías en torno al balneario de Heiligendamm.

Las autoridades alemanas montaron un operativo de seguridad impresionante para proteger a los jefes de gobierno de los países del G-8, que se reunirán desde el miércoles hasta el viernes en este balneario sobre el Báltico alemán. Hace meses que se está vigilando a los grupos de ultraizquierda y críticos a la globalización. En mayo se hicieron numerosas razzias y controles, incluidas pruebas de olor corporal y vigilancia de correspondencia.

En el exclusivo balneario donde estarán, entre otros, los presidentes George Bush y Vladimir Putin, se montó una valla de protección de varios kilómetros y se prohibieron las manifestaciones.

Voceros policiales, autoridades de seguridad y dirigentes de todos los partidos políticos destacaban ayer su preocupación frente a unos disturbios que algunos medios, como el diario berlinés Tagesspiegel, calificaban de "una nueva dimensión de violencia" y de hechos "pocas veces vistos" en el país.

"Se debe actuar con absoluta dureza contra estos criminales", declaró ayer el ministro del Interior, el cristianodemócrata Wolfgang Schäuble, mientras algunos de sus correligionarios pedían que la Policía comience a utilizar balas de goma. También Harald Ringstorff, primer ministro regional de Mecklemburgo (donde se encuentra Rostock) abogó por detener preventivamente a quienes pudieran provocar incidentes. "Se actuará con toda la fuerza de la ley contra los que solo tengan en la cabeza provocar disturbios", declaró el socialdemócrata Ringstorff.

El gobierno de Merkel condenó duramente los incidentes del fin de semana y llamó a los manifestantes a distanciarse de los violentos.

"Esperamos que la cumbre tenga éxito y que se concentre la atención en el contenido y no en las cuestiones de seguridad", dijo ayer el portavoz del gobierno, Ulrich Wilhelm.

El presidente del sindicato alemán de Policía, Konrad Freiberg, declaró en cambio al diario Bild que cree que todavía no pasó lo peor. "Podemos estar contentos de que no haya policías muertos", declaró Freiberg, partidario de hacer controles previos a las marchas. "Quien tenga piedras o cuchillos debe ser detenido inmediatamente", agregó en la entrevista con Bild.

El fin de semana, la Policía solo hizo algunos controles al azar de mochilas y bolsos. Ayer, las autoridades de seguridad decidieron cambiar de estrategia para enfrentar posibles desbordes. Tres hileras de policías militarizados marcharon a cada lado de la manifestación en Rostock. Aún así ocurrieron desmanes.