1 de junio de 2007

Clarín: Acusan a los servicios británicos de asesinar a un ex espía ruso

Parece un doble de Daniel Craig, el actor inglés que interpretó la última película del recio James Bond. Pero no, el elegante y atlético hombre que se presentó ayer en Moscú ante los medios se llama Andrei Lugovoi, fue espía de la temida KGB rusa, es empresario y está acusado por Gran Bretaña de ser el asesino de otro ex espía ruso de la KGB, Alexander "Sacha" Litvinenko, quien murió envenenado con polonio 210 el 23 de noviembre pasado en Londres.

Ayer Lugovoi le dio un inesperado giro al caso al asegurar que no fue él sino sus acusadores —es decir, Gran Bretaña a través de sus servicios secretos— los que ejecutaron o ayudaron a ejecutar el crimen. "Es difícil dejar de pensar que Litvinenko era un agente del MI6 que se salió del control del servicio secreto y fue eliminado", dijo Lugovoi. "Incluso si no lo hizo el mismo servicio secreto, fue realizado bajo su control o con su complicidad".

La cancillería británica se negó a efectuar declaraciones.

La Fiscalía General de la Corona británica había pedido la semana pasada al Kremlin la extradición de Lugovoi por asesinar a Litvinenko con el isótopo radiactivo polonio 210. Moscú rechazó el pedido argumentando que Rusia no extradita a otro país a ninguno de sus ciudadanos.

Pero Lugovoi frente a decenas de cámaras de TV y más de 160 periodistas contraatacó ayer. Dijo que Litvinenko trabajaba para el MI6 y que las acusaciones británicas en su contra eran un intento de desviar la atención de esa relación. "Sacha no era mi enemigo. Yo estaba en el mundo de los negocios desde hacía mucho tiempo y no estaba interesado en él". Y agregó: "MI6 y su agente Berezovski (aludiendo al magnate ruso vinculado con la mafia que pidió asilo en Gran Bretaña y adoptó la ciudadanía) desempeñaron el papel protagonista de esta oscura historia". Luego sugirió que Litvinenko pudo haber tratado de chantajear a Boris Berezovsky.

Relajado, contando anécdotas con su voz ronca, Lugovoi siguió cargando contra el MI6: "A mí trataron de reclutarme. Me pidieron que recolectara cualquier información comprometedora sobre Putin y los miembros de su familia. De ahí que ahora los británicos intenten cargarme el asesinato", afirmó.

Litvinenko también había pedido asilo político en Gran Bretaña. En 2001 publicó su libro "El FSB dinamita Rusia", fuertemente crítico con el gobierno de Vladimir Putin. Luego de su muerte se encontraron huellas de polonio-210 en cuatro lugares londinenses, en su casa en Muswell Hill, en un hotel en Grosvenor Square, un restaurante donde habría ingerido la sustancia radioactiva, y en el estadio de fútbol del Arsenal FC, el Emirates Stadium. Según se dijo, investigaba la muerte de la periodista Anna Politkovskaya y más casos de asesinatos y torturas en Chechenia.

Con la seguridad de que Rusia no lo extraditará, Lugovoi continuó destapando ollas: dijo que Berezovski también es responsable de asesinatos de políticos y periodistas en Rusia en los últimos diez años y lo conectó con terroristas chechenos y la mafia rusa en España. "Además —concluyó— la nacionalidad británica se vende en el mercado como si fueran pantuflas chinas".