4 de diciembre de 2007

La Nación: Una marcha contra ETA divide a España

Como pocas veces, la reacción social frente al nuevo baño de sangre provocado por la banda terrorista ETA divide a los españoles.

Ayer, varios actos públicos se opacaron por insultos populares contra la clase política, en algo próximo a nuestro "que se vayan todos", a tal punto que varios dirigentes huyeron y abandonaron el escenario con la protección de custodias para no correr riesgos.

Al mismo tiempo, el presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, anunció que no concurrirá a la marcha convocada por todos los partidos políticos, incluido el Socialista Obrero Español (PSOE), que lidera.

La decisión del presidente -que en los últimos meses no ha podido presentarse en actos públicos que no sean de su partido sin ser abucheado- era anoche la comidilla periodística por excelencia. Y objeto de crítica, incluso, en medios que le suelen ser afines.

"Lo que nosotros queremos es que la marcha de mañana [por hoy] sea la marcha de la serenidad", dijo el "número dos" del PSOE, José Blanco, al explicar la ausencia del mandatario. "Eso no tiene nada de raro, porque Zapatero dijo que no asistiría a manifestaciones mientras sea jefe del gobierno", añadió.

Pero no terminan allí las rarezas. La otra es que tampoco asistirá la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT). Y esto resulta más incomprensible aún, al tratarse de una marcha de unidad y bajo la misma bandera de la entidad. Pero, al parecer, sus dirigentes entienden que si asisten, "le hacen un favor al gobierno".

Con el lema "Por la libertad y por la derrota de ETA", los principales partidos políticos invitan hoy a manifestarse en repudio del asesinato de un guardia civil, el sábado último, en Francia. El mismo ataque dejó herido grave a otro agente que participaba del operativo antiterrorista junto con fuerzas galas.

Enojo popular

Con el fracaso de la tregua con la banda que alimentó el gobierno socialista y acicateado por la nueva sangre derramada, el enojo popular comenzó a hacerse evidente ayer cuando varias concentraciones de repudio al atentado se vieron opacadas por insultos.

Primero, contra toda la clase política. "Ladrones, cobardes", gritaba la gente, sin discriminación de partidos. Luego, con el paso de los minutos, se puso más foco y la andanada cayó sobre los socialistas y, sobre todo, sobre el presidente: "Zapatero dimisión, Zapatero asesino, Zapatero traidor", se oyó.

Hasta que el coro identificó a Pedro Zerolo, un concejal socialista reconocido por su militancia homosexual. Y a él le dijeron de todo. A tal punto que decidió abandonar el acto por un costado, protegido por los custodios de un dirigente del opositor Partido Popular (PP), de derecha.

Tras la nueva irrupción de la banda, un giro notable se está produciendo en el discurso político en materia antiterrorista. La pancarta de la marcha de hoy habla de "libertad" y de "derrotar" a ETA. Ambas ideas vienen a reemplazar la "comprensión" y el "diálogo" de que hablaba el gobierno cuando alimentó tratativas con la organización.

Al mismo tiempo, desde sectores gubernamentales se viene filtrando la posibilidad de que ya no se encuentre tan lejos una posible ilegalización del llamado Acción Nacionalista Vasca (ANV), un partido radical considerado parte de la estructura de ETA.

Formalmente, ministros y funcionarios dicen que no es así. Pero, por lo bajo, crece la idea de que esa agrupación podría "tener las horas contadas".

Ayer el rey Juan Carlos habló de la "necesaria unidad de los demócratas" frente a ETA y de la "abnegada labor" de las fuerzas de seguridad.

Al cierre de esta edición, el guardia civil herido por tres terroristas que luego huyeron permanecía internado, sin actividad cerebral.