La Nación: Histórico acercamiento de las dos Coreas
Con una serie de actos saturados de parafernalia comunista, el régimen norcoreano recibió ayer al presidente de Corea del Sur, Roh Moo-hyun, en el inicio de la segunda cumbre en 60 años entre ambos países, técnicamente aún en guerra.
En una prueba de fuego para la reinserción internacional de un régimen aislado, el presidente de Corea del Norte, Kim Jong-il, saludó con un "encantado", aunque con poco entusiasmo, a su par Roh, que horas antes había ingresado a pie por la frontera más militarizada del planeta para luego dirigirse a Pyongyang, sede de la cumbre.
"Esta línea será borrada gradualmente y el muro caerá. Esta visita servirá para derribar el muro de la división, aliviar el daño de la división y ponernos en el camino de la paz y de la reconciliación", dijo Roh al cruzar la franja demarcatoria.
El encuentro entre ambas Coreas se da a casi un año de la exitosa prueba nuclear norcoreana, que llevó a la península a su momento de máxima tensión desde el fin de la Guerra de Corea, en 1953. El ensayo provocó alarma en todo el mundo y obligó al Consejo de Seguridad de la ONU a dictar nuevas y fuertes sanciones a Pyongyang.
Roh ingresó ayer en el todavía territorio enemigo norcoreano con la intención de acordar con Kim las bases de una importante asistencia financiera de Seúl a la desahuciada economía norcoreana, que tocó fondo en la década del 90 cuando una hambruna mató a buena parte de su población.
Además, se anunciaría la cancelación definitiva del programa nuclear de Corea del Norte. La primera señal concreta que dejó en evidencia la intención de Pyongyang de establecer negociaciones directas con Seúl fue el cierre en julio último del reactor Yongbon, que producía plutonio, luego de cinco meses de conversaciones.
El domingo último, los participantes de las denominadas conversaciones a seis bandas, en las que intervienen las dos Coreas, China, Japón, Rusia y Estados Unidos, acordaron un borrador temporal que prevé la suspensión de las actividades nucleares y el cierre de las instalaciones atómicas norcoreanas.
Los negociadores norcoreanos también pretenden que sus hermanos del Sur presionen a la Casa Blanca para que elimine a Corea del Norte de la lista de Estados terroristas que confecciona el Departamento de Estado norteamericano.
Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas y el Pentágono, el mandatario norteamericano, George W. Bush, había incluido a Corea del Norte, junto con Irak e Irán, en lo que denominó el "eje del mal" o naciones que promovían el terrorismo fuera de sus fronteras. Bush, incluso, fustigó duramente al líder norcoreano Kim, que heredó el poder de su padre, Kim Il-sung, tras su muerte en 1994.
La denuncia de Washington fue considerada una amenaza por el régimen, que meses después reanudó su programa nuclear y abandonó el Tratado de No Proliferación Nuclear; esto inició la escalada de tensión que llegó a su punto máximo con el ensayo nuclear de octubre último.
A diferencia de la recepción brindada por Kim Dae Jung, predecesor de Roh, en junio de 2000, el líder norcoreano de 65 años se mostró frío y reservado. No así los miles de norcoreanos que, al grito de "Unificación", agitaban flores rosas de papel, llamadas kimjongilias , en honor al mandatario, al tiempo que una guardia militar de honor saludaba el primer encuentro de Kim y Roh en las afueras de un salón cultural de Pyongyang.
Los dos presidentes caminaron por una alfombra roja, en la que Kim, ataviado con su típico uniforme militar caqui, les presentó al mandatario surcoreano a los altos dirigentes norcoreanos.
Luego de la bienvenida de ayer, que se extendió por 12 minutos, ninguno hizo declaraciones. Roh regresó en su limusina blindada a la casa gubernamental de huéspedes, donde se alojará durante la cumbre, que terminará mañana, y Kim se recluyó.
Por la noche, Roh asistió a un banquete oficial que presidió el segundo hombre del régimen, Kim Yong-nam. "El mundo pone su atención y expectativas sobre Pyongyang", dijo Kim.
A pesar de que las autoridades de Seúl no dieron detalles sobre la agenda oficial, la prensa surcoreana afirmó que Roh llevaría a la mesa de negociaciones, además de obsequios personales para Kim, como iPod, televisores de plasma y DVD, una propuesta económica con multimillonarios proyectos y la construcción de una comunidad económica entre ambos Estados como preludio de una eventual reunificación de la península.
En una prueba de fuego para la reinserción internacional de un régimen aislado, el presidente de Corea del Norte, Kim Jong-il, saludó con un "encantado", aunque con poco entusiasmo, a su par Roh, que horas antes había ingresado a pie por la frontera más militarizada del planeta para luego dirigirse a Pyongyang, sede de la cumbre.
"Esta línea será borrada gradualmente y el muro caerá. Esta visita servirá para derribar el muro de la división, aliviar el daño de la división y ponernos en el camino de la paz y de la reconciliación", dijo Roh al cruzar la franja demarcatoria.
El encuentro entre ambas Coreas se da a casi un año de la exitosa prueba nuclear norcoreana, que llevó a la península a su momento de máxima tensión desde el fin de la Guerra de Corea, en 1953. El ensayo provocó alarma en todo el mundo y obligó al Consejo de Seguridad de la ONU a dictar nuevas y fuertes sanciones a Pyongyang.
Roh ingresó ayer en el todavía territorio enemigo norcoreano con la intención de acordar con Kim las bases de una importante asistencia financiera de Seúl a la desahuciada economía norcoreana, que tocó fondo en la década del 90 cuando una hambruna mató a buena parte de su población.
Además, se anunciaría la cancelación definitiva del programa nuclear de Corea del Norte. La primera señal concreta que dejó en evidencia la intención de Pyongyang de establecer negociaciones directas con Seúl fue el cierre en julio último del reactor Yongbon, que producía plutonio, luego de cinco meses de conversaciones.
El domingo último, los participantes de las denominadas conversaciones a seis bandas, en las que intervienen las dos Coreas, China, Japón, Rusia y Estados Unidos, acordaron un borrador temporal que prevé la suspensión de las actividades nucleares y el cierre de las instalaciones atómicas norcoreanas.
Los negociadores norcoreanos también pretenden que sus hermanos del Sur presionen a la Casa Blanca para que elimine a Corea del Norte de la lista de Estados terroristas que confecciona el Departamento de Estado norteamericano.
Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas y el Pentágono, el mandatario norteamericano, George W. Bush, había incluido a Corea del Norte, junto con Irak e Irán, en lo que denominó el "eje del mal" o naciones que promovían el terrorismo fuera de sus fronteras. Bush, incluso, fustigó duramente al líder norcoreano Kim, que heredó el poder de su padre, Kim Il-sung, tras su muerte en 1994.
La denuncia de Washington fue considerada una amenaza por el régimen, que meses después reanudó su programa nuclear y abandonó el Tratado de No Proliferación Nuclear; esto inició la escalada de tensión que llegó a su punto máximo con el ensayo nuclear de octubre último.
A diferencia de la recepción brindada por Kim Dae Jung, predecesor de Roh, en junio de 2000, el líder norcoreano de 65 años se mostró frío y reservado. No así los miles de norcoreanos que, al grito de "Unificación", agitaban flores rosas de papel, llamadas kimjongilias , en honor al mandatario, al tiempo que una guardia militar de honor saludaba el primer encuentro de Kim y Roh en las afueras de un salón cultural de Pyongyang.
Los dos presidentes caminaron por una alfombra roja, en la que Kim, ataviado con su típico uniforme militar caqui, les presentó al mandatario surcoreano a los altos dirigentes norcoreanos.
Luego de la bienvenida de ayer, que se extendió por 12 minutos, ninguno hizo declaraciones. Roh regresó en su limusina blindada a la casa gubernamental de huéspedes, donde se alojará durante la cumbre, que terminará mañana, y Kim se recluyó.
Por la noche, Roh asistió a un banquete oficial que presidió el segundo hombre del régimen, Kim Yong-nam. "El mundo pone su atención y expectativas sobre Pyongyang", dijo Kim.
A pesar de que las autoridades de Seúl no dieron detalles sobre la agenda oficial, la prensa surcoreana afirmó que Roh llevaría a la mesa de negociaciones, además de obsequios personales para Kim, como iPod, televisores de plasma y DVD, una propuesta económica con multimillonarios proyectos y la construcción de una comunidad económica entre ambos Estados como preludio de una eventual reunificación de la península.