La Nación: Asesinan a un cerrajero por defender a una vecina
Salió de su negocio para comprar unas facturas cuando oyó los gritos desesperados de una mujer y, sin pensarlo dos veces, se abalanzó sobre un ladrón que intentaba escapar. El delincuente logró soltarse y le disparó dos tiros en el pecho. Agonizando, caminó hasta un quiosco, situado frente a su cerrajería, donde se desplomó.
El cerrajero Héctor Montiel falleció mientras era operado en el hospital Ramos Mejía. La víctima, de 50 años, estaba casada y tenía dos hijas; era dueño de una cerrajería situada en Viamonte 2243. Según pudo saber LA NACION, uno de los dos ladrones detenidos se había desempeñado como efectivo del Servicio Penitenciario Federal (SPF), del que fue dado de baja por mala conducta.
Los asaltantes tenían un dato seguro: sabían que en una oficina donde se vende instrumental médico, situada en la planta baja de Uriburu 669, había una suma considerable de dinero. Armados, ingresaron en la empresa y amenazaron a los empleados.
En ese momento, otra empleada que estaba por ingresar a trabajar, se dio cuenta de lo que ocurría y salió corriendo a los gritos, pidiendo auxilio.
Los ladrones se escaparon con un botín de 6000 pesos y varias chequeras, según explicaron a LA NACION fuentes policiales. "Uno salió corriendo, mientras que el otro se quedó encerrado en el edificio", dijo el comisario inspector Carlos Virgili. Tras balear al cerrajero, el delincuente continuó su fuga por la calle Pasteur, pero finalmente fue detenido por policías.
El cerrajero Héctor Montiel falleció mientras era operado en el hospital Ramos Mejía. La víctima, de 50 años, estaba casada y tenía dos hijas; era dueño de una cerrajería situada en Viamonte 2243. Según pudo saber LA NACION, uno de los dos ladrones detenidos se había desempeñado como efectivo del Servicio Penitenciario Federal (SPF), del que fue dado de baja por mala conducta.
Los asaltantes tenían un dato seguro: sabían que en una oficina donde se vende instrumental médico, situada en la planta baja de Uriburu 669, había una suma considerable de dinero. Armados, ingresaron en la empresa y amenazaron a los empleados.
En ese momento, otra empleada que estaba por ingresar a trabajar, se dio cuenta de lo que ocurría y salió corriendo a los gritos, pidiendo auxilio.
Los ladrones se escaparon con un botín de 6000 pesos y varias chequeras, según explicaron a LA NACION fuentes policiales. "Uno salió corriendo, mientras que el otro se quedó encerrado en el edificio", dijo el comisario inspector Carlos Virgili. Tras balear al cerrajero, el delincuente continuó su fuga por la calle Pasteur, pero finalmente fue detenido por policías.