11 de julio de 2007

La Nación: Paquistán: 59 muertos en la mezquita

ISLAMABAD.- En medio de fuertes medidas de seguridad en todo el país por el temor a violentas represalias de extremistas islámicos, el ejército paquistaní continuó ayer con su feroz asalto contra los militantes atrincherados en la Mezquita Roja de Islamabad. El operativo ya dejó por lo menos 59 muertos, entre ellos el líder de los rebeldes, y continuaba al cierre de esta edición.

El violento asalto, que convirtió el lugar en un verdadero campo de batalla, fue lanzado por el ejército ayer a la madrugada, después de una semana de un sitio que tuvo en vilo al país. En medio de versiones contradictorias sobre la cantidad de víctimas, las autoridades informaron que 51 militantes y ocho soldados habían perdido la vida, aunque datos no confirmados hablaban de más de 150 muertos.

Medios locales, por su parte, informaron que las autoridades habían pedido 800 bolsas para cadáveres. Los soldados rodearon los hospitales adonde fueron llevados los muertos y heridos, lo que despertó sospechas de que se quiere ocultar la cifra de víctimas.

El operativo militar permitió a 87 rehenes -entre mujeres y niños- escapar del lugar, aunque se cree que otros cientos podrían seguir allí.

Después de más de 20 horas de combates, en los que los soldados pelearon habitación por habitación, las tropas habían tomado anoche el control del 90% del complejo, que incluye una mezquita y una madraza (escuela coránica) de mujeres.

Anoche continuaban los enfrentamientos en el lugar, donde militantes armados presentaban una encarnizada resistencia a los soldados.

En medio de los combates, el ejército anunció la muerte del líder de los rebeldes, Abdul Rashid Ghazi, un partidario de los talibanes y declarado admirador de la red terrorista Al-Qaeda. Según las fuerzas de seguridad, su cuerpo fue encontrado en el sótano de la escuela de mujeres, después de duros enfrentamientos en el lugar. Algunas versiones señalaban que los propios militantes lo habían matado, para evitar que se rindiera.

No obstante, en una entrevista, ayer a la mañana, Ghazi había reiterado su decisión de no entregarse. "Lucharé hasta la última gota de mi sangre (...) Nosotros moriremos, pero el pueblo se vengará de los gobernantes", dijo.

El audaz operativo es una fuerte apuesta del presidente Pervez Musharraf, que se arriesga a enfrentar una reacción violenta de parte de los grupos extremistas en su país. Musharraf, que la semana pasada sobrevivió a un atentado en su contra, se ha granjeado el odio de estas organizaciones con su apoyo a Estados Unidos en la guerra contra el terrorismo.

La actual crisis comenzó el martes de la semana pasada, cuando las fuerzas de seguridad rodearon la mezquita, después de que sus estudiantes atacaran un puesto policial. Los extremistas habían lanzado hacía meses una violenta campaña para imponer por la fuerza un régimen islámico al estilo talibán en Paquistán. Los combates durante los siete días que duró el sitio dejaron 86 muertos.

El asalto comenzó pasadas las 4 de ayer (hora local), después de que fracasara un último intento del gobierno de negociar con los militantes una salida pacífica a la crisis. El vocero militar Waheed Arshad dijo que los soldados estaban enfrentando "una encarnizada resistencia" y que se estaban moviendo con cuidado entre las 75 habitaciones del complejo, para evitar herir a las mujeres y los niños.

Violentas protestas

Musharraf defendió ayer su decisión de ordenar el asalto y dijo que el uso de la fuerza había sido inevitable. "Mostramos máxima paciencia y contención. No quedó otra opción", dijo.

El asalto, sin embargo, desató fuertes protestas contra Musharraf, en las que participaron miles de personas en todo el país, en medio de llamados de grupos extremistas a vengar la acción militar. Extremistas detonaron tres bombas en distintos lugares y mataron a un policía. Manifestantes enfurecidos también bloquearon partes de la antigua Ruta de la Seda, que conduce a China, e incendiaron edificios de organizaciones occidentales como Care International y la Cruz Roja.

Esta situación llevó al gobierno a reforzar las medidas de seguridad y declarar la alerta máxima en el país.

En medio de las críticas internas, Estados Unidos respaldó la decisión de Musharraf. "El gobierno de Paquistán actuó de manera responsable", dijo el vocero del Departamento de Estado, Tom Casey.