5 de julio de 2007

La Nación: Nueva amenaza de Rusia por el escudo

MOSCU.- Tan sólo dos días después de la cumbre en la que el presidente norteamericano, George W. Bush, y su colega ruso, Vladimir Putin, parecieron acercar posiciones, los temores a una nueva Guerra Fría revivieron ayer, cuando Rusia amenazó con desplegar misiles en Kaliningrado, en la frontera con la Unión Europea, si Estados Unidos sigue adelante con su proyecto de instalar un escudo en Europa del Este.

"Si nuestras propuestas no son aceptadas, tomaremos las medidas adecuadas. Se hallará una respuesta asimétrica y efectiva. Sabemos que lo haremos", declaró desde Uzbekistán el influyente viceprimer ministro ruso Serguei Ivanov.

El mes pasado, Putin propuso a Washington emplear instalaciones de su país en Azerbaiján para un sistema de defensa común entre Rusia, Europa y Estados Unidos, en lugar de construir un escudo antimisiles en la República Checa y Polonia, como planea la Casa Blanca.

Ivanov dijo claramente ayer que si sus propuestas son aceptadas "desaparecerá la necesidad para Rusia de colocar nuevamente misiles en la parte occidental del país, concretamente en la región de Kaliningrado, para neutralizar las amenazas del sistema antimisilístico norteamericano".

Si Estados Unidos continúa con sus planes, habrá consecuencias, advirtió Ivanov, a quien se señala como uno de los posibles sucesores de Vladimir Putin cuando éste deje la presidencia rusa en 2008.

Ivanov lanzó su amenaza el mismo día en el que Putin dijo estar seguro de que Rusia y Estados Unidos pueden seguir trabajando juntos pese a sus desacuerdos, y tan sólo dos días después de que el presidente ruso sostuviera una cumbre con Bush en su residencia familiar en Maine.

En junio último, luego de días de suma tensión durante los cuales el desacuerdo entre Washington y Moscú fue subiendo de tono, Putin sorprendió a la comunidad internacional al proponer que, en vez del proyecto estadounidense de construir un escudo antimisiles, Moscú y Washington compartieran una estación radar en Azerbaiján, que data de los tiempos de la Guerra Fría.

Esta propuesta no despertó gran entusiasmo entre los norteamericanos.

Ante esta reacción, Rusia subió en los últimos días su tono en referencia al escudo antimisiles, que implicaría la construcción de una estación de radar en la República Checa y una para interceptar misiles en Polonia, emprendimiento que Moscú considera una amenaza para su seguridad.

En cambio, Washington afirma que ese escudo es necesario para neutralizar posibles amenazas futuras de países como Irán y Corea del Norte, con capacidad nuclear. Para Moscú, el sistema en realidad apuntaría a su arsenal nuclear y alteraría el equilibrio de las fuerzas estratégicas en Europa.

Nuevas propuestas

Las palabras de Ivanov fueron un claro reflejo de que la tensión entre rusos y estadounidenses sigue siendo alta pese a los esfuerzos por dar una imagen más amigable entre ambos durante la reunión en Maine. En esa cumbre de dos días, Putin hizo ofertas nuevas, cuyo contenido preciso no trascendió.

Tras ese encuentro, Putin se mostró más medido en el tema del escudo antimisiles, después de que a principios de junio amenazase con volver a apuntar los misiles rusos hacia Europa, como reacción a los planes de Washington.

Así, anteayer, desde Guatemala, el mandatario ruso sugirió que, "seguramente", las relaciones entre Rusia y Estados Unidos mejorarán si Washington acepta su propuesta.

Las palabras de Ivanov, sin embargo, fueron interpretadas por numerosos analistas como "retórica preelectoral" de cara a las elecciones presidenciales rusas de marzo de 2008.

"Sugieren a la población que hay gente fuerte en el poder, que saben lo que tienen que hacer y que cada vez hay más enemigos acechando a Rusia", subrayó el presidente del Instituto de Evaluaciones Estratégicas de Rusia, Alexandre Konovalov.

"Es una amenaza vacía", recalcó Pavel Felgenhauer, especialista independiente en temas de defensa.

Según Felgenhauer, esas amenazas pretenden desestabilizar a la opinión pública polaca para suscitar protestas contra el proyecto estadounidense.

Para el analista Yuri Kurguniuk, los europeos se vuelven a convertir en "rehenes" del juego de amenazas entre la Casa Blanca y el Kremlin, como en la época de la Guerra Fría. "Cada parte desenfunda la pistola sin que nadie dispare", afirmó.

Kaliningrado es un territorio que Rusia ganó al final de la Segunda Guerra Mundial en el mar Báltico, separado del resto del territorio ruso por Polonia y Lituania, dos países de la Unión Europea y también de la OTAN.

Los analistas también se mostraron escépticos sobre la capacidad rusa de instalar misiles en ese enclave.

Moscú renunció a su arsenal de alcance medio en un tratado firmado en 1987, y los misiles de corto alcance Iskander con los que intenta dotarse por el momento tienen problemas de fabricación.

Además, Kaliningrado no sería un sitio conveniente para esos misiles, ya que, según los analistas, es un lugar vulnerable.