17 de julio de 2007

Clarín: Londres expulsa a 4 diplomáticos rusos y Moscú anuncia represalias

Como en los más agitados días de la Guerra Fría y cuando las relaciones con Occidente y Rusia están en absoluto estado de crispación por el autoritarismo del presidente Vladimir Putin, el gobierno británico decidió expulsar ayer a cuatro diplomáticos rusos —destinados en Gran Bretaña— como advertencia a la Justicia rusa. Moscú se había negado a extraditar a Andrei Lugovoi, el ex espía de la KGB acusado de envenenar con polonio al ex agente ruso-británico Alexander Litvinenko.

El anuncio fue realizado por el canciller británico, David Millband, en el Parlamento, ayer al mediodía, y se presume que son cuatro agentes de inteligencia destinados en Londres, aunque no han sido identificados por el gobierno. Se espera una igual represalia desde Moscú, donde las autoridades han anunciado una conferencia de prensa para "hacer una declaración".

El Ministerio de Relaciones Exteriores ruso, por boca de su portavoz, declaró que la decisión de Londres, que calificó de "inmoral", tendría "las más graves consecuencias en las relaciones ruso-británicas". Varios analistas rusos estiman que Moscú reaccionará con una medida similar, expulsando a su vez a diplomáticos británicos.

"Un ciudadano británico ha sufrido una horrorosa muerte", declaró el canciller británico para justificar las expulsiones. La medida incluye la cancelación de la negociación por facilidades de visas para los rusos. Una decisión que va a afectar a centenares de millonarios rusos, que están registrados en Londres como residentes fiscales, pero que de hecho no viven en el reino. Más de 70.000 rusos residen en Gran Bretaña, al menos oficialmente.

"Esta es una situación que el gobierno no ha buscado y que no es bienvenida. Pero no tenemos otra alternativa que enfrentarla", dijo el canciller Millband en la Cámara de los comunes. "Nosotros hemos elegido expulsar a cuatro diplomáticos, cuatro particulares diplomáticos, en orden de mandar una clara y proporcionada señal al gobierno ruso acerca de la seriedad de este caso", insistió.

"Las negociaciones por la facilitación de visas también ha sido suspendida", anunció Millband, tras destacar que era necesaria una relación entre ambos países "basada en la amistad y el respeto mutuo". A lo largo del fin de semana, el joven canciller británico había advertido que el gobierno estudiaba todas las posibilidades. Fue después de que Rusia rechazara las demandas por la extradición de Andrei Lugovoi, que habría sido el responsable de contaminar con polonio el té que bebió Litvinenko, que lo llevó a la muerte después de una horrenda agonía en noviembre pasado.

"El gobierno cree que Rusia es clave como socio internacional para Gran Bretaña. Por eso nuestra relación debe estar basada en la amistad y el respeto", aseguró el canciller. Al mismo tiempo, advirtió que si Lugovoi deja Rusia, funcionarán los acuerdos internacionales y el ex espía podrá ser extraditado a Gran Bretaña.

El gobierno británico había rechazado categóricamente una oferta rusa de juzgar a Lugovoi en Rusia, poniendo en duda que recibiera un juicio justo.

El partido conservador apoyó "el tono y la sustancia de la respuesta del gobierno", según el canciller en las sombras, William Hague.

La decisión británica es el punto más alto de una escalada que se inició cuando la policía británica descubrió que las pistas sobre el polonio conducían a un avión de British Airways, que había aterrizado en Moscú y al asiento donde había viajado hacia Londres Andrei Lugovoi, el ex espía de la KGB. El fue quien tomó té y gin tonic con Litvinenko en el hotel Millenium de Londres cuando la contaminación con el isótopo radiactivo se produjo. Litvinenko murió en noviembre en un hospital de Londres, en medio de terribles dolores y acusando en su última declaración al presidente ruso Vladimir Putin de su asesinato.

La Justicia británica pidió a Rusia la extradición, después de una investigación policial inglesa en Moscú. Lugovoi rechazó toda responsabilidad y acusó a los servicios secretos británicos de haber asesinado al ex espía ruso, que había adoptado recientemente la ciudadanía británica. El procurador general ruso Yuri Chayka aseguró que "la extradición estaba fuera de consideración porque contradice la Constitución".