5 de junio de 2007

La Nación: Tensión ante actos por la Guerra de los Seis Días

JERUSALEN.- El 5 de junio de 1967, hace exactamente 40 años, estalló una de las guerras más dramáticas en la historia de Medio Oriente: la Guerra de los Seis Días.

Cuatro décadas después de aquel histórico conflicto, que cambiaría el mapa de la región, palestinos e israelíes marcarán a partir de hoy, y hasta el lunes próximo, su aniversario, con una serie de manifestaciones, marchas y actos de protesta.

Teniendo en cuenta que el principal resultado de aquella guerra fue la ocupación por parte de Israel de los territorios palestinos, israelíes pacifistas y palestinos recordarán esa fecha exigiendo en distintos eventos una retirada total del Estado judío de esas zonas.

Especial tensión se vive en la ciudad de Hebrón, donde el movimiento israelí Paz Ahora, que se opone a los asentamientos en Cisjordania, recibió autorización para llevar a cabo hoy una manifestación de protesta.

Hebrón, dividida entre un territorio mayoritario bajo control palestino y uno menor bajo control israelí, es uno de los símbolos de la tensión continua entre ambas partes.

Del lado palestino, la principal manifestación está programada para hoy a la mañana en Ramallah, Cisjordania. La sirenas sonarán a las 12, hora local, y se observará un minuto de silencio. Hoy a la mañana también partirá una marcha desde de Nablus (en el norte de Cisjordania) hacia el puesto de control militar israelí de Hawara, uno de los símbolos de la ocupación en el sur de la ciudad.

Organizadas por una coalición de asociaciones pacifistas israelíes, dos manifestaciones tendrán lugar simultáneamente, hoy por la tarde, en Tel Aviv y en el barrio palestino de Anata, en Jerusalén oriental.

La Guerra de los Seis Días fue una de las más dramáticas en la historia de Medio Oriente. Israel, convencido de que si no actuaba primero podía ser aniquilado por los ejércitos árabes que prometían su exterminio, lanzó una fuerte ofensiva que terminó con una avasallante victoria militar.

En sólo 132 horas, Israel conquistó la totalidad de la península del Sinaí y la Franja de Gaza (en el frente egipcio), Cisjordania y Jerusalén oriental (en el frente jordano), y las alturas del Golán (en el frente sirio).

"No fuimos a la guerra para conquistar tierras", dice hoy el general retirado Yeshaiahu Gavish, en aquel entonces, jefe del comando sur del ejército israelí. "La orden era clara: destruir al ejército egipcio, que amenazaba nuestra existencia."

El primer disparo fue de Israel, que tomó la iniciativa en el campo de batalla, después de convencerse de que no tenía alternativa. Egipto había concentrado 100.000 soldados en la frontera con Israel, tras expulsar a la fuerza de separación de las Naciones Unidas en el Sinaí y firmar un pacto militar con Jordania.

El gobierno israelí sentía que intentaban estrangular al país.

Egipto, Siria y Jordania, a los que Irak prometía ayudar y enviar refuerzos, tenían una gran ventaja numérica sobre Israel. Eso, sumado a las explícitas promesas de destrucción expresadas por los árabes, principalmente por el presidente de Egipto, Gamal Abdel Nasser, llevaron a Israel a atacar.

Israel lanzó el primer golpe para garantizar que la guerra no pudiera llevarse a cabo en su territorio, lo cual hubiera podido significar la desaparición del Estado judío.

Sin alternativa

"Ganamos porque no teníamos alternativa. No podíamos permitirnos perder", dijo Gavish.

Con su gran victoria militar, Israel salvó su existencia. Pero, al mismo tiempo, fue precisamente la magnitud de aquella victoria la que creó los problemas con los que hoy sigue lidiando. Desde junio de 1967, Israel ocupa territorios habitados mayormente por palestinos, en los que, después de la guerra, comenzó a construir asentamientos, que, según los palestinos, constituyen el principal obstáculo en el camino hacia la paz.

Lo que para ciertos sectores dentro de Israel fue la "liberación" de las tierras mencionadas en la Biblia como la cuna misma del judaísmo (Judea y Samaria, términos bíblicos para referirse a Cisjordania), para los palestinos fue el comienzo de cuatro décadas de ocupación.

Lo que para Israel fue la singular emoción de conquistar la ciudad vieja de Jerusalén, donde está el Muro de los Lamentos -el lugar más sagrado del judaísmo-, para los árabes fue la ocupación de la parte de la ciudad que para ellos debe ser capital del futuro Estado palestino independiente.