23 de junio de 2007

Clarín: Interpol busca a los asesinos que fusilaron a una pareja de peruanos

Son dos hombres que, hace veinte días, los mataron en un almacén de Villa Urquiza. Se cree que el hombre que murió también era un asesino a sueldo. Los sicarios se volvieron a Perú al otro día del doble crimen.

mujer, Luz Irma Ruiz Guardapuclla (39) hace apenas 20 días. En la noche del lunes 4 de junio, dos compatriotas entraron al almacén que manejaban en Villa Urquiza y los balearon a quemarropa frente a su hija Merilyn Ruiz Ruiz (23).

Hoy, esos dos hombres están identificados y, por un pedido del fiscal José María Campagnoli, el juez Federico Salvá libró una orden de captura internacional. Ya confirmaron que ambos asesinos salieron del país en la madrugada del martes 5, en un vuelo de TACA, con rumbo a Lima.

Los investigadores obtuvieron otro dato aún más inquietante: los dos sicarios habían estado en Buenos Aires a principios de mayo. Se quedaron cinco días, durante los cuales, en Once, fue fusilado el peruano Jorge Armando Calderón Mayhua, alias "Ñaña".

Uno de los sospechosos de ese crimen era Ruiz Mendoza. Por eso, ahora la hipótesis es que los killers que lo mataron a él en el almacén pudieron ser sus colaboradores en el crimen de Ñaña y, tal vez, en otros de la larga lista de muertos que la guerra de narcos peruanos viene dejando en las calles de la Ciudad.

Los dos peruanos con captura fueron identificados gracias al testimonio de Merilyn y rastreados en los videos de las cámaras de seguridad del aeropuerto de Ezeiza donde la propia víctima los había ido a buscar el sábado 2 de junio. Con ellos también se reunió en una estación de servicio de Once unas cinco horas antes de que lo asesinaran.

La historia mezcla a traficantes, sicarios y asaltabancos en idas y vueltas entre Lima y Buenos Aires. Y el que tiene el prontuario más impresionante es el almacenero de Villa Urquiza. En octubre de 2005 emigró a Buenos Aires donde ya vivian dos hermanos, su ex esposa y su hija.

"Nosotros somos siete hermanos y todos muy bien educados, pero el mayor, Marcos, eligió otro camino. No voy a juzgarlo ahora que está muerto, pero nos causó muchos problemas", le dijo a Clarín uno de sus hermanos que vive en Perú.

A su madre, Antonieta Mendoza Alzamora, le prometió que en Argentina iba a cambiar. No empezó bien: entró con la identidad falsa de Fidel Benjamín Morales y la Federal tiene indicios para vincularlo al crimen de Ñaña.

"A tu marido lo mató 'Cachanga'". El dato se lo dio un joven peruano a la viuda de Calderón Mayhua y la información terminó en la División Homicidios. Cuando semanas después ocurrió el doble crimen de Villa Urquiza se reveló que uno de los apodos de Ruiz Mendoza era precisamente "Cachanga".

Además en la casa —en los fondos del almacén— se encontró una pistola calibre 9 milímetros, del mismo tipo de la usada en varios crímenes de la "guerra".

Por los datos que juntaron los investigadores, a Marcos Ramón Ruiz Mendoza su pasado lo vino a buscar a Buenos Aires... y lo encontró. Uno de sus asesinos había sido compañero suyo en una cárcel peruana.

"Cachanga era muy violento y peligroso, no respetaba ni a sus cómplices. Inclusive se quedaba a veces con el botín de sus compañeros", recordó un agente de la División de Robos de la Policía que participó en la última detención registrada de Marcos Ruiz Mendoza, el 14 de enero de 2004. Lo hallaron al volante de una camioneta cerca de un banco, con un revólver en la mano.

Por su pasado fue a la cárcel de Sarita Colonia: estuvo sólo tres meses. Años antes había estado en los penales de Canto Grande, Lurigancho y Aucallama.

Conocido como "Cachanga", "Chato Marcos", "Cachangón" y "Boquita", el primer registro de su prontuario arranca cuando tenía 22 años. Sus especialidades: asaltar fábricas los días de cobro de sueldos, pirata del asfalto, asaltabancos y secuestrador exprés. El 6 de febrero de 1994 asaltó un camión distribuidor de comestibles; el 3 de marzo del mismo año robó dos revólveres a agentes de seguridad privada; al día siguiente, con esas armas, asaltó una fábrica, y al ser descubierto, tomó como rehenes a todos los pasajeros de un ómnibus.

Como si nada hubiera ocurrido, el 5 de marzo le robó su revólver a un coronel de la Fuerza Aérea. Eso sí: cada vez que iba a declarar y le preguntaban cómo se ganaba la vida, sin dudar, decía "aguatero", un trabajo común en algunas zonas de la capital peruana.