15 de mayo de 2007

La Nación: Amenazas en lugar de respuestas para las madres que denuncian

SANTA FE.– Hace cuatro años, Norma Castaño investigó a una banda de narcotraficantes que le vendía droga a su hijo. Como percibía que la policía estaba involucrada y por eso no hacía nada, decidió infiltrarse en la organización para acusarlos ante la Justicia.

Por denunciar esa supuesta connivencia de la policía con los traficantes de droga, Castaño fue amenazada y sufrió atentados. Hace cinco meses balearon su casa. A pesar de los ataques, no bajó los brazos y acusó a más policías vinculados con grupos de narcotraficantes. Aportó los nombres de los uniformados y hasta el monto de las coimas que habrían cobrado en la Dirección de Asuntos Internos de la policía santafecina. Pero no pasó nada.

“Todos los policías a los que denuncié siguieron trabajando. Los cambiaron de destino y los ascendieron. Balearon mi casa porque, como en Asuntos Internos no investigaron a nadie, me tuve que poner nuevamente la ropa de detective para grabar el momento en el que un vendedor de droga le pagaba una coima de 20.000 pesos a dos oficiales de la Dirección de Drogas Peligrosas”, dijo Castaño a La Nacion, indignada. Mientras, mostraba una copia de la declaración que hizo en la dependencia que debe investigar a los uniformados corruptos.

“En lugar de filmar el pago vigilado de la coima, los funcionarios de Asuntos Internos fueron a buscar al narcotraficante a su casa y lo enfrentaron con los policías que pretendía denunciar. Pero, ante la falta de garantías y por la complicidad entre los uniformados denunciados con los que debían investigarlos, el traficante no dijo nada y el caso se cerró sin imputados", explicó Castaño.

Ante la falta de respuestas a sus denuncias por parte del Poder Ejecutivo provincial encabezado por el gobernador Jorge Obeid, Castaño se reunió con otras 200 mujeres que tienen o tuvieron hijos adictos y formó una organización de madres para luchar contra la droga. Dicha agrupación integra la Red Comunitaria Antidrogas de Santa Fe.

"En junio de 2004, el presidente Néstor Kirchner estuvo en Santa Fe. Me recibió después de un acto en la Universidad Tecnológica y, delante de Obeid, me dijo que el gobernador escucharía mis denuncias y era el responsable de atenderme. No obstante, si tenía algún problema podía viajar a Buenos Aires y que me recibiría. Pero Kirchner nunca me atendió. Tampoco me recibió Obeid", expresó Castaño.

A su lado, en la misma vivienda que fue baleada, Silvina Osés, policía jubilada y otra madre integrante de la Red Comunitaria Antidrogas, pero de Rosario, describió las amenazas y ataques que sufrió por denunciar a policías y políticos vinculados con narcotraficantes.

"Comencé a luchar contra los vendedores de droga porque tenía a mi hijo adicto y porque la policía no hacía nada. Aunque, afortunadamente, en la actualidad se ha recuperado de su enfermedad. Entonces, ex compañeros a los que no conocía me acercaron videos y documentos en los que aparecían policías, ex policías y políticos que cobraban plata de los narcotraficantes. Tenía esas pruebas escondidas en mi casa, pero me robaron los videos", relató Silvina.

La mujer sostuvo que desde que denunció el robo ante la justicia de Rosario no tuvo paz y comenzaron las amenazas.

"Tan grande es la impunidad con la que se manejan los narcotraficantes que las advertencias no fueron telefónicas, sino que las hicieron personalmente. La última vez invocaron el nombre y apellido del puntero político narcotraficante que los había mandado a decirme que me matarían si seguía hablando", recordó.

Osés es madre de cinco hijos, dos chicas y tres muchachos. Tanto ella como Castaño también pidieron reunirse con el ministro de Gobierno provincial, Roberto Rosúa, el responsable político de la policía provincial. Pero, según ambas mujeres, el funcionario nunca las recibió. Desde el Poder Ejecutivo provincial explicaron que Castaño hacía esas denuncias porque su marido, policía, había sido cambiado de destino.

"Nuestro objetivo no apuntó a transformarnos en detectives de Hollywood y salir a perseguir narcotraficantes. Eso es obligación de la policía. Pretendemos la recuperación de una parte de esta generación de jóvenes que se está quemando por la droga", coincidieron Castaño y Oses.

Hace cuatro años, LA NACION reveló que Castaño se había infiltrado en una banda de narcotraficantes que le vendía droga a su hijo porque la policía no intervenía.

"Nada cambió. Los narcotraficantes siguen en el barrio. Todo sigue igual: se vende droga, los funcionarios coimean y los políticos usan el dolor para aparentar que están comprometidos con el tema", se quejó Castaño con amargura.