La Nación: Ajustada victoria de la derecha en España
MADRID.- Con tres años en el poder y pese a contar con el viento de la economía en su favor, el gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero recibió ayer una advertencia, al perder en manos de la oposición de derecha las elecciones municipales, que él mismo consideró un anticipo de las presidenciales de 2008. Fue el líder del Partido Popular (PP), Mariano Rajoy, el que se fue a dormir como triunfador. "Hemos ganado, somos el primer partido y seremos el próximo gobierno", dijo exultante, al quebrar por primera vez en estos tres años de difícil herencia cierta imagen de perdedor y consolidar su perfil de candidato apto para la presidencia.
Sus números no eran, sin embargo, para tirar petardos. Anoche, el cómputo arrojaba una diferencia de sólo un 0,7% a favor del PP, con el 35,65% de los votos, frente al 34,93% del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), con el 99,84 por ciento de los votos escrutados. La coalición Izquierda Unida (IU) quedaba en un lejano tercer lugar, con el 5,5 por ciento.
Los socialistas confiaban anoche en sumar algo más y acortar la distancia con el voto de los españoles en el exterior, que aún no se había escrutado.
No puede hablarse, por lo tanto, de vuelco electoral; pero según las reglas que los propios candidatos fijaron, sí de una victoria suficiente como para incorporar pimienta en el ya tenso panorama político español. Desde 1983, el partido que obtiene más votos en las elecciones municipales consigue la victoria en las siguientes presidenciales.
Todo ocurrió con una participación del 64 por ciento, tres puntos menos que en las elecciones municipales de 2003. En esos comicios, el PSOE ganó por muy poco margen al PP (34,83 por ciento, frente al 34,29 por ciento).
El problema adicional es que la derrota socialista alcanza personalmente a Zapatero: el peor desempeño de su partido estuvo en esta capital, donde el candidato sorpresa que él mismo impuso contra viento y marea como "el mejor de todos" acaba de anotar la más contundente derrota en la historia del socialismo madrileño.
Miguel Sebastián -de él se trata- fue literalmente arrasado por una diferencia de casi 400.000 votos para el PP. Tan abrumador fue ese castigo, que, de no haberse equivocado tanto Zapatero con el conejo que sacó de la galera, es posible que incluso el resultado general hubiera sido otro.
Pero el error ya está hecho y costó al partido gobernante la pérdida de otros tres concejales sobre la que era, hasta ahora, su peor elección madrileña. En efecto, si en 2003 bajó hasta 21, anoche, gracias al "arma secreta" de Zapatero, quedó en 18. Poco menos que humillante.
Lo paradójico es que estas elecciones poco afectan el color del mapa político español. En términos generales, los grandes feudos de los partidos mayoritarios mantienen su pertenencia.
Por ejemplo, el PSOE -merced a su mayor capacidad de coalición- se afianzaba anoche en Barcelona, Sevilla y Zaragoza, mientras que el PP arrasaba con sus propias fuerzas en Madrid y en Valencia.
Al cierre de esta edición, las dos únicas grandes excepciones parecían ser la provincia de Navarra y las islas Canarias. En Navarra, el PP retrocedía frente al avance de fuerzas nacionalistas y pro vascas de la llamada alianza Nafarroa Bai, lo que, a su vez, implica una dura lección para la prédica de la derecha española. En Canarias, el PSOE se imponía en cantidad de votos con la candidatura del ex ministro de Justicia, Miguel Angel López Aguilar. Lo que no parecía tan claro, sin embargo, era si eso le alcanzaría al hombre de Zapatero para formar gobierno.
De esa forma, y dado que estaban en juego más de 8000 candidaturas regionales, el resultado global más claro fue el del cómputo general, en el que el PP se impuso con una tenue victoria. Conocido el golpe, desde el PSOE se hicieron esfuerzos por recibir la noticia de la mejor manera. Una vez más, desde el gobierno, a quien tocó salvar las papas fue a la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega.
"Que quede en claro que estas elecciones no significan un plebiscito sobre la política nacional", se atajó, tal vez, sin mucha diplomacia.
Desde las filas del partido, su secretario, José Blanco, obvió aquello de que "gana el que saca más votos" y, favorecido por los meandros de la distribución de sufragios, se dedicó a contar concejales. "Hemos logrado, en términos generales, muchos más que el PP. Y por eso somos los ganadores", explicó.
"Lo único que tienen los populares es una leve ventaja en el cómputo general, que se debe, sobre todo, a los resultados de Madrid", dijo Blanco. Y en eso tenía toda la razón: Madrid, con el doble triunfo del alcalde Alberto Ruiz Gallardón, en el plano urbano, y de Esperanza Aguirre, en el distrito autonómico del mismo nombre, arrasaron e hicieron la diferencia.
"Que escuche bien Zapatero, que el año que viene le toca hacer las valijas porque nosotros seremos gobierno", dijo Ruiz Gallardón, quien, por más que pronosticó y saludó la futura presidencia de Rajoy, a veces habla como si él fuera el candidato a la presidencia.
El tercer dato de la noche fue cierto fortalecimiento de la izquierda, representada por IU. Si bien con porcentajes mínimos que la colocan muy lejos de los dos grandes partidos, avanzó tanto en el nivel madrileño, donde pasó de 4 a 5 concejales, como en el regional, donde contó 11. En ambos casos, se trata de escaños ganados al socialismo, con lo que queda claro que el retroceso del PSOE no fue sólo en manos de la derecha sino también de la izquierda.
Pese a que los grandes partidos vieron estos comicios como una primera vuelta de las presidenciales, lo cierto es que se jugaron en el variado terreno de lo municipal. Y es en ese ámbito donde, por primera vez en muchos años, acaba de producirse el retorno a la vida institucional de una fuerza cercana a la banda terrorista ETA.
Acción Nacionalista Vasca (ANV) logró varios concejales e incluso, al cierre de esta edición, parecía haber alcanzado el gobierno municipal de varios pueblos guipuzcoanos. Tanto para ellos como para sus vecinos, también empieza una nueva etapa, llena de incertidumbre.