12 de febrero de 2008

La Nación: Piden en San Pedro que la gente no se arme

Que no pase lo de Tres Arroyos o lo de Junín parece ser la principal preocupación de las autoridades municipales de esta ciudad del norte bonaerense, sacudida en los últimos tiempos por un aumento importante de delitos. El instrumento elegido para aventar una probable protesta popular fue una solicitada publicada en la prensa local, en la que el gobierno local exhortó: “No se debe instar a armarse a la población en contra de otros; no se deben instalar discusiones sectarias o mentirosas sobre los acontecimientos... No se puede paralizar la vida organizada para asumir posiciones demagógicas que jamás serán reconocidas y tampoco se puede defraudar a quienes se gobierna tolerando la inacción o la falta de garantías para ellos”.
Las autoridades saben que hay temor y malestar entre los vecinos. Por eso, hoy, el intendente Mario Barbieri suspenderá sus vacaciones para reunirse con el ministro de Seguridad, Carlos Stornelli, que ayer estuvo en Junín y prometió soluciones. Los vecinos de San Pedro coinciden en que en los últimos meses se registró un notable aumento de delitos. Hubo varios asaltos violentos a comercios y tres homicidios en sólo dos semanas; y aunque ninguno de esos homicidios ocurrió durante un robo, muchos de los consultados por LA NACION creen que dichas muertes reflejan una situación social peligrosa para todos.
En medio de esta situación, el titular y el jefe de calle de la comisaría local fueron removidos a instancias del fiscal Darío Giagnorio, tras una denuncia por apremios ilegales a un joven detenido. El fiscal pidió también la remoción del jefe distrital de policía, inspector Sergio Pérez. Esta no se produjo, pero el policía se tomó un mes de licencia al argumentar que no podía trabajar en esas condiciones, y muchos creen que no va a volver. El presidente del Centro de Comercio e Industria de San Pedro, Juan Antonio Gutiérrez, confirmó a este enviado que los comerciantes "están presionando para que se haga una manifestación" en protesta por la inseguridad en el partido. "No se concretó porque estamos esperando para ver qué dice el municipio, pero el secretario de Gobierno, Juan Almada, no nos recibe ni atiende nuestros llamadas", dijo. Si las autoridades no les brindan una audiencia, "la manifestación se hará", sentenció.
Entre los comerciantes que sufrieron en carne propia el aumento de la violencia está Viviana Budiño, dueña de un polirrubro. A mediados de enero, dos jovencitos armados irrumpieron en el local, la amenazaron, las golpearon a ella y a su hija de 20 años y huyeron con el dinero de la caja. "No me dio miedo, pero sí me indignó, porque podrían haber sido mis hijos", dijo Viviana a LA NACION. "Antes, en San Pedro dejabas el auto abierto, la bicicleta en la vereda. Hoy estamos todos enrejados y con perros. No podemos tener armas, pero cuando vengan a asaltarme, si puedo, les voy a dar un fierrazo", dijo otro comerciante indignado, mientras mostraba una pesada barra de hierro.
No quiso identificarse por temor a que sus declaraciones le valieran una visita ad hoc de delincuentes. Un barrio muy crítico Hugo Ramírez empieza a oír silbidos y sabe que va a haber problemas. Son los otros, los usurpadores, dice: los que se adueñan de las calles de tierra apenas anochece en el barrio sin luz. Pasan y se llevan todo. Piletas de lona, herramientas, juguetes, todo. Suenan tiros, suenan perdigones en el techo de chapa. "Cuando empiezan a chiflar, sabés que algo va a pasar", dice Hugo, que vivía en un asentamiento y se mudó hace dos semanas "pensando que iba a vivir en un lugar más tranquilo". Es el barrio San Francisco de Asís, que fue pensado para dar una vivienda digna a quienes vivían en asentamientos cercanos y pudieran hacer el esfuerzo de pagar una pequeña cuota mensual.
Lo que ocurrió fue que unas 150 familias usurparon buena parte de las casas y el complejo quedó dividido en dos sectores en permanente tensión, el de los adjudicatarios y el de los "ocupas". Los tiroteos se volvieron diarios e hizo falta ubicar a ocho policías de la guardia de infantería para frenar la ola de robos y enfrentamientos. "Somos la patrulla vecinal", dice Azucena Yesberts, otra vecina del barrio. "Cada noche nos turnamos para ver quién duerme y quién se queda vigilando." Lo dice sonriendo: si no se lo tomara con una cuota de humor, no lo soportaría, explica. Muchos dicen que es aquí, entre las casas a medio terminar, donde se focaliza el problema de inseguridad de San Pedro. Incluso las autoridades parecen pensar eso: en la citada solicitada de ayer incluyen tomar medidas para promover "la paz social y la seguridad".
En el texto, los funcionarios agregaron su intención de "impedir que se magnifique" el problema y destacan que en San Pedro no se ha llegado al nivel de conflicto de partidos como Junín, donde los comerciantes se manifestaron en reclamo de mayor seguridad, o Tres Arroyos, donde incluso decidieron proveerse de armas para defenderse de los delincuentes. Hoy, Barbieri y otros funcionarios municipales le pedirán a Stornelli un refuerzo de la dotación policial, entre otras mejoras.