La Nación: Caen dos peligrosos etarras
Fue un impresionante operativo de la gendarmería francesa el que ofreció no el consuelo, pero sí el aliento: ayer atraparon a dos de los tres terroristas de ETA que, el sábado último, asesinaron a policías españoles que, desarmados, efectuaban tareas de vigilancia en el sur del país galo.
Y quiso la coincidencia que la noticia de la espectacular captura llegara casi al mismo tiempo en que, tras cuatro días de agonía, moría el segundo de los dos guardias civiles atacados.
El corazón de Fernando Trapero, de 23 años, dejó de latir en el hospital de Bayona en el que fue internado luego de que los terroristas vaciaran en él un cargador completo y lo dejaran ya en coma profundo. El otro policía, Raúl Centeno, de 24, cayó muerto en el acto.
El hecho ocurrió en un pueblo del sur francés, a sólo 70 kilómetros de la frontera con España, y nadie esperaba que los terroristas fueran atrapados tan pronto. Ahora se sabe que, para lograrlo, el Ministerio del Interior francés movilizó a 1500 hombres y varios helicópteros.
Los dos detenidos tienen una larga historia en la organización ilegal. Asier Bengoa, de 31 años, pertenecía al aparato de "captación y reclutamiento" de ETA. Había sido condenado a siete años de prisión, pero fue puesto en libertad provisional, tras lo cual huyó para volver a las andadas. La Fiscalía aseguraba ayer que "nada tuvo que ver" con aquella puesta en libertad.
La otra detenida es su "compañera sentimental", como dice la policía. Saioa Sánchez era intensamente buscada desde hace tiempo, como posible jefa del llamado "Comando Vizcaya".
Ambos fueron atrapados en una parada de colectivos. Iban armados, con mucho dinero encima. En estos cuatro días, habían recorrido cerca de mil kilómetros en forma errática, tratando siempre de alejarse del pequeño pueblo de Capbreton, donde cometieron su crimen, según se informó.
Al parecer, hacía ya 24 horas que habían sido detectados, pero la policía los estaba dejando correr a la espera del mejor momento para echarles el guante. Eso ocurrió ayer y, como suele suceder en estos casos, ambos se identificaron como integrantes de ETA y no ofrecieron resistencia. Enseguida se les tomaron pruebas de ADN y huellas para cotejarlas con los restos hallados en el sitio del asesinato. La policía gala buscaba anoche al tercer integrante del comando.
"Que no le quepa duda que correrá la misma suerte que sus compañeros", dijo el presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, al enterarse en Italia de lo que estaba pasando. La ministra del Interior francesa, Michelle Alliot Marie, le había transmitido la noticia.
El fracaso de la marcha
En el terreno de la política, las principales figuras españolas empezaron ayer a reflexionar, muy lentamente, sobre el estrepitoso fracaso de la primera marcha "de unidad" contra ETA que fueron capaces de convocar en cuatro años de uso partidista de la cuestión.
El primero en no creer en la idea fue, paradójicamente, el líder de la fuerza que en primer término lanzó la convocatoria. "No suena creíble para la gente", dijo ayer Zapatero, también secretario general del Partido Socialista Obrero Español (PSOE).
Hubo quien, desde el opositor Partido Popular (PP), de derecha, intentó lavarse las manos y atribuir todo el fracaso del asunto a la controvertida decisión de Zapatero de no asistir. "¿Qué puede esperarse de la gente si uno de los principales promotores no va?", se preguntó Angel Acebes. El dirigente derechista no contestó por qué no respondieron los militantes de su propio partido, pero sí estuvo allí, en primera fila, su líder, Mariano Rajoy.
Fue, tal vez, el minoritario Izquierda Unida (IU) el que tuvo la reflexión más interesante. Su líder, Gaspar Llamazares, diagnosticó que España padece la enfermedad del enfrentamiento. "Los ciudadanos se movilizan más para insultar al otro que por aquello que significa unidad", dijo.
En lo que no avanzó Llamazares fue en la historia del mal, cómo se llegó a él y por qué. Y, en todo caso, en cómo se lo combate ahora.
Ayer, en tanto, se hacían preparativos para el entierro de Trapero, el policía que se aferró a la vida hasta el mismo momento en que fueron detenidos los terroristas que lo apartaron de ella.
Y quiso la coincidencia que la noticia de la espectacular captura llegara casi al mismo tiempo en que, tras cuatro días de agonía, moría el segundo de los dos guardias civiles atacados.
El corazón de Fernando Trapero, de 23 años, dejó de latir en el hospital de Bayona en el que fue internado luego de que los terroristas vaciaran en él un cargador completo y lo dejaran ya en coma profundo. El otro policía, Raúl Centeno, de 24, cayó muerto en el acto.
El hecho ocurrió en un pueblo del sur francés, a sólo 70 kilómetros de la frontera con España, y nadie esperaba que los terroristas fueran atrapados tan pronto. Ahora se sabe que, para lograrlo, el Ministerio del Interior francés movilizó a 1500 hombres y varios helicópteros.
Los dos detenidos tienen una larga historia en la organización ilegal. Asier Bengoa, de 31 años, pertenecía al aparato de "captación y reclutamiento" de ETA. Había sido condenado a siete años de prisión, pero fue puesto en libertad provisional, tras lo cual huyó para volver a las andadas. La Fiscalía aseguraba ayer que "nada tuvo que ver" con aquella puesta en libertad.
La otra detenida es su "compañera sentimental", como dice la policía. Saioa Sánchez era intensamente buscada desde hace tiempo, como posible jefa del llamado "Comando Vizcaya".
Ambos fueron atrapados en una parada de colectivos. Iban armados, con mucho dinero encima. En estos cuatro días, habían recorrido cerca de mil kilómetros en forma errática, tratando siempre de alejarse del pequeño pueblo de Capbreton, donde cometieron su crimen, según se informó.
Al parecer, hacía ya 24 horas que habían sido detectados, pero la policía los estaba dejando correr a la espera del mejor momento para echarles el guante. Eso ocurrió ayer y, como suele suceder en estos casos, ambos se identificaron como integrantes de ETA y no ofrecieron resistencia. Enseguida se les tomaron pruebas de ADN y huellas para cotejarlas con los restos hallados en el sitio del asesinato. La policía gala buscaba anoche al tercer integrante del comando.
"Que no le quepa duda que correrá la misma suerte que sus compañeros", dijo el presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, al enterarse en Italia de lo que estaba pasando. La ministra del Interior francesa, Michelle Alliot Marie, le había transmitido la noticia.
El fracaso de la marcha
En el terreno de la política, las principales figuras españolas empezaron ayer a reflexionar, muy lentamente, sobre el estrepitoso fracaso de la primera marcha "de unidad" contra ETA que fueron capaces de convocar en cuatro años de uso partidista de la cuestión.
El primero en no creer en la idea fue, paradójicamente, el líder de la fuerza que en primer término lanzó la convocatoria. "No suena creíble para la gente", dijo ayer Zapatero, también secretario general del Partido Socialista Obrero Español (PSOE).
Hubo quien, desde el opositor Partido Popular (PP), de derecha, intentó lavarse las manos y atribuir todo el fracaso del asunto a la controvertida decisión de Zapatero de no asistir. "¿Qué puede esperarse de la gente si uno de los principales promotores no va?", se preguntó Angel Acebes. El dirigente derechista no contestó por qué no respondieron los militantes de su propio partido, pero sí estuvo allí, en primera fila, su líder, Mariano Rajoy.
Fue, tal vez, el minoritario Izquierda Unida (IU) el que tuvo la reflexión más interesante. Su líder, Gaspar Llamazares, diagnosticó que España padece la enfermedad del enfrentamiento. "Los ciudadanos se movilizan más para insultar al otro que por aquello que significa unidad", dijo.
En lo que no avanzó Llamazares fue en la historia del mal, cómo se llegó a él y por qué. Y, en todo caso, en cómo se lo combate ahora.
Ayer, en tanto, se hacían preparativos para el entierro de Trapero, el policía que se aferró a la vida hasta el mismo momento en que fueron detenidos los terroristas que lo apartaron de ella.