La Nación: Siete horas de miedo en Don Torcuato
Otra vez, el miedo reinó en Don Torcuato. Tres delincuentes tomaron a un matrimonio y a sus hijas, de 8 y 12 años, como rehenes durante siete horas en el barrio Gutiérrez. La reiteración de hechos delictivos en la zona disparó ayer la indignación de los vecinos. A las 6.50, María Julia De Erkiaga salió de su casa, en Belgrano 481, a pocas cuadras del Club Hindú, para poner en marcha el automóvil Renault 6, con el que todos los días lleva a sus hijas a la escuela, sin advertir que en esta oportunidad la aguardaba una angustiante sorpresa. A los gritos, tres delincuentes armados hicieron entrar a De Erkiaga en su casa, donde estaba su esposo, Julián Taborda, junto a las dos hijas del matrimonio, Micaela y Mailena. Ya en la casa, los ladrones encerraron a las chicas en una habitación y le exigieron a Taborda que les entregara dinero y joyas. Martín, hermano de De Erkiaga, que vive en la casa contigua, oyó gritos y llamó al 911. A los cinco minutos, un patrullero de la comisaría de Don Torcuato se acercó al domicilio y el pánico se apoderó de los asaltantes. Preocupados por la presencia de los policías, obligaron a la mujer a que saliera a convencerlos de que todo estaba en orden. Al ver que su hermana había salido de la casa, Martín se acercó, la tomó de un brazo, la empujó a su domicilio y la rescató de los malvivientes. Al advertir que algo extraño ocurría en la casa, de inmediato los policías pidieron refuerzos. En pocos minutos varios patrulleros rodearon la manzana, donde los delincuentes se atrincheraron con Taborda y sus hijas de rehenes. A partir de ese momento comenzó una larga negociación con los ladrones. El diálogo quedó a cargo de un negociador del Grupo Halcón, a las órdenes del fiscal Santiago Quian Zavalía, mientras que unos 50 policías desplegaron un dispositivo cerrojo en la zona, para evitar un eventual fuga de los asaltantes. Fuentes de la investigación identificaron a los delincuentes como Gastón Escobar Luque, de 23 años, que gozaba del beneficio de la libertad asistida; Julio Duarte, de 32 años, que tenía un pedido de captura por homicidio, y, el tercero, un menor de 15 años. Fueron arduas las negociaciones con los asaltantes que, luego de pequeñas concesiones del negociador, liberaron a las dos chicas cerca del mediodía. Pasadas las 14, los movimientos policiales crecieron en la zona y los rostros comenzaron a distenderse: los ladrones liberaron a Taborda y se entregaron al personal del Grupo Halcón, que rodeaba la casa. En su cara ya no había rastros del sufrimiento de las siete horas de tensión. Todo volvía a la normalidad para Julián Taborda que, al salir de su casa, levantó la mano derecha y con el pulgar apuntando al cielo les dijo a sus vecinos: "Gracias; estamos todos bien". Quejas de vecinos "Cuando Hugo Cáceres [ver aparte] nos cuidaba, este tipo de cosas no ocurrían. Vivimos encerrados. Todos los días matan a un chico o a un abuelo", dijo Gregorio Holowatsch, de 53 años, que vive, desde que nació, en el barrio Gutiérrez. Otros vecinos dijeron a LA NACION que junto a la proliferación de villas de emergencias en la zona aumentó la delincuencia. "Estamos rodeados de chorros. Los chicos ya no pueden salir de casa solos ni volver de la escuela", dijo indignada Mirta, vecina de la familia Taborda. Recordaron también que a cuatro cuadras de allí están la Villa Sapito y, a un kilómetro, la Villa San Pablo. En la zona también está el asentamiento conocido como Villa San Jorge. En mayo último, recordaron los vecinos, a cuatro cuadras de los Taborda fue asaltado en su casa el actor Juan Vitali, que resultó herido de un tiro. Alicia, otra vecina, dijo a LA NACION que a las 6.15 los tres ladrones también habían entrado en su casa, de donde se llevaron un teléfono inalámbrico y una mochila. "Cuando estaba nuestro amigo Cáceres, estábamos seguros", dijo la mujer, mientras saludaba a Taborda, que subía a un patrullero para ir declarar en la comisaría.