27 de septiembre de 2007

La Nación: Myanmar: brutal represión a los monjes

RANGUN.- En franco desafío a los pedidos de moderación y a la presión internacional, la junta militar de Myanmar (ex Birmania) cumplió su amenaza de callar los reclamos de reformas encabezados por los monjes budistas cuando tropas del ejército reprimieron ayer a miles de religiosos con palos, gases lacrimógenos y disparos.

La brutal represión, ordenada por la junta que gobierna el país desde hace 45 años, causó la muerte de por lo menos ocho manifestantes, entre ellos dos monjes que habrían muerto apaleados. Los voceros del régimen sólo reconocieron la muerte de una persona, la primera admisión del uso de la fuerza desde el comienzo de lo que ya se conoce como la "Revolución de los Monjes" o la "Revolución Azafrán", por el color de sus túnicas.

Cientos de manifestantes resultaron heridos y otros 150 fueron arrestados; entre ellos, 30 monjes que fueron trasladados a un lugar desconocido.

Luego de tolerar durante nueve días las protestas que alcanzaron a convocar a más de 300.000 manifestantes en varias ciudades del país, e implicaron el mayor desafío a su poder en 20 años, la junta había impuesto anteayer el toque de queda y prohibido las reuniones de más de cinco personas.

Anteanoche, en un anticipo de la violenta represión que siguió, la policía arrestó a varios prominentes opositores, mientras se instalaban bloqueos y barricadas en los principales templos de Rangún, refugio de los monjes opositores al régimen. Entre los detenidos, según la BBC, se encuentran U Win Naing, un veterano dirigente del movimiento en favor de la democracia, de 70 años, y el actor Zaganar, muy popular en Myanmar.

Horas después, los monjes y sus seguidores volvieron a desafiar a las autoridades en las calles. Intentaron alcanzar la pagoda de Sule, cerca de la municipalidad, pero fueron interceptados por el ejército con disparos al aire y golpes de bastones. Según relataron varios testigos, los soldados desplegados cerca de la municipalidad abrieron fuego contra la multitud cuando miles de personas avanzaban hacia una barricada ubicada a 100 metros de la pagoda. En medio de escenas de pánico, muchos de los manifestantes fueron aplastados por los que venían atrás.

Las dramáticas imágenes de los choques entre los pacíficos monjes y las fuerzas de seguridad, transmitidas desde el aislado país por medio de teléfonos celulares e Internet (ver aparte), recorrieron el mundo.

En medio de crecientes temores a un baño de sangre y advertencias de todo el mundo, el Consejo de Seguridad de la ONU convocó a una reunión de emergencia para debatir la crisis, e instó a la junta militar birmana a ejercer la "contención en sus actos violentos contra la población civil".

El veto de China, aliado del régimen, evitó la condena a la junta, un día después de que Estados Unidos anunciara nuevas sanciones. El Consejo sí dio amplio apoyo al secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, que decidió enviar al aislado país asiático a Ibrahim Gambari, funcionario del organismo.

La Casa Blanca expresó su preocupación por la violenta represión. "Lo que sucede en Myanmar es atroz", dijo la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, y exigió a los militares la visa para Gambari y garantías para que tenga libre acceso a los opositores, entre ellos, la premio Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi, bajo arresto domiciliario desde hace varios años.

Mientras la Unión Europea difundía una dura declaración de condena, expresando su "profunda preocupación" por la represión de "manifestantes pacíficos", el primer ministro británico, Gordon Brown advirtió: "El mundo entero mira ahora a Myanmar".

En este contexto, los grupos disidentes en el exilio acordaron reunirse el 30 de septiembre para debatir estrategias para continuar el apoyo a la rebelión. El partido de Suu Kyi, la Liga Nacional para la Democracia (LND) , declaró que el régimen militar había cometido "un error irreparable" al atacar a los manifestantes.

En 1988, Myanmar se vio sacudida por masivas manifestaciones que pusieron en jaque al régimen militar, que tomó el poder en 1962 y llevó a una de las naciones más ricas de Asia a la pobreza extrema.

Los motivos económicos fueron también origen de las actuales protestas en Myanmar, calificado ayer por Transparency International como uno de los dos países más corruptos del mundo. Las manifestaciones comenzaron cuando el gobierno duplicó los precios del combustible y del transporte el 15 de agosto.

Los 400.000 monjes que encabezan las protestas tienen una larga historia de activismo político. Adoptaron un papel central tanto en la lucha por la independencia de Gran Bretaña, en 1947, como en las protestas de 1988, cuando murieron 3000 personas. Además, gozan de un enorme respeto en Myanmar, donde casi el 90% de la población es budista.

Los monasterios tienen un papel importante en la sociedad birmana, dado que casi todos los hombres pasan allí un período durante su juventud, meditando con los monjes.