Infobae: Preocupación en el Gobierno por la agresión a un militar
El Gobierno se mostró preocupado por la agresión que sufrió anteanoche un oficial del Ejército, fuertemente golpeado en Neuquén por militantes políticos que reclamaban la aparición de Jorge Julio López. El ataque contra el teniente coronel Walter Rom fue calificado como “un hecho muy grave” por los mandos castrenses, mientras que el Ministerio de Defensa cuestionó la actitud de los manifestantes y recordó que no se puede culpar a los militares en actividad por la represión ilegal de los años 70. Anteanoche, al cumplirse un año de la desaparición de López –uno de los testigos en el juicio contra el ex comisario Miguel Etchecolatz, condenado por violaciones de los derechos humanos durante la dictadura–, se hicieron marchas en diversas ciudades del país. En Neuquén, al pasar por el barrio militar de esa ciudad, un grupo de activistas se desprendió de la columna principal y arremetió contra las viviendas y los automóviles de los oficiales. El teniente coronel Rom salió de su casa al ver que en su autómovil eran pintadas cruces esvásticas e intentó, solo y vestido de civil, defender su propiedad. Fue recibido con un palazo que le provocó heridas en la cabeza. Después, los activistas siguieron su acción y causaron destrozos en el frente de la casa de Rom y en las viviendas de otros oficiales de la IV Brigada de Montaña. "El Ministerio de Defensa repudia el hecho y la metodología empleada. El derecho a manifestarse, la lucha por la vigencia sin condiciones de los derechos humanos, el propio reclamo por la aparición con vida de Jorge Julio López no pueden ser distorsionados y perjudicados por la realización fuera de las normas de convivencia", se afirmó en un comunicado del ministerio conducido por Nilda Garré. Además de agredir a Rom, los manifestantes arrojaron bombas molotov contra la sede del Comando de la IV Brigada de Montaña, ubicado a pocos metros de las viviendas de los militares. "¿Qué les hice yo? No soy ni un nazi ni un asesino", habría sido el intento de diálogo de Rom antes de recibir varios golpes. El oficial agredido se recibió en el Colegio Militar en 1985, durante el gobierno de Raúl Alfonsín. No se trató de un "escrache" a un militar por un motivo personal, sino que ese teniente coronel pagó finalmente el precio de que su casa estuviese ubicada en la zona más cercana a la manifestación. La policía provincial, cuestionada por la muerte del docente Carlos Fuentealba durante una manifestación en abril último, no intervino ante ese hecho de violencia. Las autoridades militares presentaron ayer las denuncias en la Justicia. La situación de animosidad al azar causó más molestia entre los militares. "Le pegaron sólo por ser oficial del Ejército; es una línea peligrosa la que se cruzó", señaló ayer una fuente castrense de importancia. Ese pensamiento resumía la sensación de varios militares, fastidiados por sentirse blancos permanentes de agresiones. En el poder político se intuyó esa sensación de abatimiento militar por situaciones que se repiten, por lo que el comunicado del Ministerio de Defensa buscó aclarar las posiciones: "Cabe subrayar que quienes deben responder por sus delitos son los que efectivamente los cometieron. Como ha proclamado en diversas ocasiones el gobierno nacional, las jóvenes generaciones castrenses y la abrumadora mayoría de los cuadros en actividad de las Fuerzas Armadas no cargan con las culpas de quienes están siendo llevados antes los estrados judiciales". Miradas políticas El creciente malhumor militar, potenciado por los trascendidos desde la seguridad bonaerense sobre la supuesta búsqueda de pistas sobre López en círculos castrenses, fue visualizado por los principales actores políticos, que ya lanzaron señales en procura del voto de las Fuerzas Armadas. En los últimos días, Elisa Carrió advirtió que debía "dejar de humillarse a los militares". Roberto Lavagna y Ricardo López Murphy también hicieron referencias similares sobre sus visiones del ambiente castrense. Ante ese posicionamiento de la oposición, el Gobierno no dudó en repudiar rápido la golpiza recibida por uno de sus oficiales. Militares de rango elevado esperaban ayer un pronunciamiento contundente desde el poder político. El mensaje del Ministerio de Defensa tuvo a ese público interno como destinatario.