22 de agosto de 2007

La Nación: Sospechan del círculo íntimo en el crimen del criador de caballos

NAVARRO, Buenos Aires.- Entre los 10.000 habitantes de la ciudad un rumor crece día a día, hora a hora. Casi todos coinciden en que alguien del círculo íntimo del criador de caballos de polo Alcides Campusano habría planificado su asesinato, ocurrido el sábado último, hecho que conmocionó a la comunidad navarrense.

Según explicaron fuentes de la investigación a LA NACION, la declaración de la esposa de Campusano, Mirta Kiani, no es del todo convincente. Cabe recordar que al criador de caballos de polo lo mataron tres ladrones encapuchados, que entraron en su casa a la búsqueda de 40.000 dólares que habría obtenido por la venta de un equino, operación que nunca se realizó. Como no les dio lo exigido, lo torturaron y lo asfixiaron con una toalla que usaron como mordaza.

Son varias las incógnitas que intentan develar los investigadores. Kiani, que se casó con Campusano hace seis meses, pero que convivía con él desde hacía cinco, denunció el asesinato a las 3.40. Pero, según pudieron reconstruir los investigadores por los testigos que se acercaron a declarar, el hecho ocurrió aproximadamente a la 1.20. ¿Por qué demoró en realizar la denuncia? En las dos declaraciones que realizó no aclaró la diferencia horaria. Otra cuestión que sorprendió a los investigadores fue que la esposa declaró que poseía un celular, pero en una de las averiguaciones se descubrió otro teléfono "mellizo". Tampoco lo pudo explicar.

Este es la primera vez que sucede un hecho de esta naturaleza en la tranquila ciudad de Navarro, situada a 121 kilómetros de la Capital. La violencia de los asesinos desconcertó a los investigadores y generó preocupación y miedo entre los habitantes.

El jefe de la policía distrital de Navarro, inspector Raúl Buratovich, dijo a LA NACION que Campusano fue arrastrado fuera de su habitación, en la que dormía sólo y que se encuentra en la segunda planta de la casa que compartía con Kiani y tres de sus hijas. Las dos mayores, de un matrimonio anterior, viven en los Estados Unidos y se espera que lleguen al país mañana.

Inmediatamente los asaltantes despertaron a Kiani y le exigieron que atara a su marido con una cinta pero, en un descuido, Campusano se soltó las manos y se trenzó a golpes de puño con uno de los delincuentes, al que le sacó la capucha. Por la pelea se rompió una de las ventanas del estudio de Campusano.

Otro delincuente descolgó uno taco de polo que había en un corredor y lo golpeó varias veces en la cabeza. Después lo lanzó por las escaleras de la planta alta. Una vez más le pidieron a Kiani que lo inmovilizara. Campusano intentó explicarles que no tenía el dinero que le exigían, pero no le creyeron. Uno de los asesinos le cortó el cuello y otro tomó una toalla, lo amordazó y asfixió.

"Estaba desfigurado, nunca vi nada así. Era una persona muy buena, no se merecía lo que le pasó", dijo María, una vecina de Campusano.

"Todos en el pueblo sabían que lo querían matar", dijo Julio, otro vecino, al tiempo que deslizó que Kiani mantendría, desde hace algún tiempo, una relación íntima con un policía local.