22 de agosto de 2007

La Nación: Amenaza Rusia a la República Checa

En medio de la creciente disputa entre Washington y Moscú por los planes norteamericanos para desplegar un escudo antimisiles en Europa del Este, Rusia amenazó ayer veladamente a la República Checa con tomar represalias militares si ese país acepta instalar en su territorio una estación de radar estadounidense.

El Kremlin advirtió que esa decisión sería un "grave error", que lo obligaría a "adoptar medidas" de seguridad contra la República Checa.

La sorpresiva y peligrosa amenaza de Moscú coincidió con un enérgico discurso del presidente Vladimir Putin, que ayer anunció un ambicioso plan para reactivar la capacidad militar de Rusia y restaurar el papel "dominante" de su país en el sector de la aeronáutica militar. El anuncio, realizado durante la inauguración de la mayor exhibición aérea en Rusia desde la caída de la Unión Soviética, es la última de una serie de iniciativas destinadas a incrementar la capacidad militar rusa.

El énfasis de Moscú en revivir el poderío militar soviético ocurre en momentos de fuerte deterioro de las relaciones entre Rusia y Occidente, a causa del escudo norteamericano y de otros asuntos como las diferencias en torno de la crisis nuclear iraní, los reclamos de soberanía del Kremlin sobre el Artico, y el asesinato del ex espía ruso Alexander Litvinenko, en Londres.

La disputa por el escudo de Estados Unidos, que incluiría la instalación de un radar en la República Checa y misiles interceptores en Polonia, despertó los fantasmas de la Guerra Fría y llevó a Putin a amenazar con apuntar sus propios misiles contra Europa.

El Kremlin sostiene que el sistema antimisiles representaría una "amenaza directa" a su seguridad. El Pentágono, por su parte, insiste en que el escudo está destinado a defender a Estados Unidos y a sus aliados ante posibles ataques con misiles por parte de países como Irán y Corea del Norte.

Durante una reunión en Moscú, el jefe del Estado Mayor ruso, Yuri Baluyevski, advirtió al ministro de Defensa checo, Martin Bartak, que permitir la instalación del radar en su país sería un "grave error". "En ese caso, Rusia se vería obligada a adoptar medidas para garantizar su seguridad", dijo. Esas medidas, agregó el general, podrían afectar a la República Checa.

Moscú considera que el radar norteamericano permitiría al Pentágono controlar las bases de misiles emplazadas en la parte europea de Rusia.

Baluyevski también instó a Praga a esperar el resultado de las elecciones presidenciales de noviembre de 2008 en Estados Unidos para tomar una decisión definitiva al respecto.

"No descarto que el nuevo gobierno norteamericano reevalúe las decisiones de la actual administración y valore de forma diferente las amenazas procedentes de Irán", explicó.

El ministro checo respondió que será el Parlamento de su país el que tome la decisión final, y que no lo hará antes de fin de año.

Propuesta rusa

Las negociaciones entre Rusia y Estados Unidos sobre el escudo se reanudarán a principios de septiembre. Se prevé que Moscú insistirá en su propuesta de utilizar de forma conjunta una estación de radar en Azerbaiján, ubicada cerca de la frontera con Irán. Según Moscú, esto evitaría que Estados Unidos instale un radar en la República Checa. Hasta ahora, sin embargo, la propuesta rusa no encontró eco en la Casa Blanca.

Mientras tanto, desde el otrora aeropuerto militar secreto de Zhukovsky, en las afueras de Moscú, Putin dijo que estaba decidido a devolver a Rusia el lugar que ocupó durante la Guerra Fría en la producción aeronáutica militar. "Debemos tener por objetivo conservar nuestra posición dominante en la producción de tecnología aeronáutica militar", dijo Putin, al abrir una exhibición aérea de la que participan 800 empresas de 100 países.

A diferencia de la industria aeronáutica civil rusa, la militar no tuvo problemas para continuar con las exportaciones durante los difíciles años que siguieron al hundimiento de la URSS. Rusia dispone de una importante flota de aviones y helicópteros de asalto, y aspira a duplicar su producción de aviones de combate para 2025.

Un asesor de Putin sugirió que Rusia podría reanudar pronto la producción de bombarderos nucleares, ahora que los aviones volvieron a realizar "misiones de combate".

Las declaraciones de Putin se produjeron cuatro días después de que el mandatario anunciara la reanudación de los vuelos de los bombarderos estratégicos rusos a distintas regiones del mundo, por primera vez desde 1992. Los bombarderos tienen capacidad para transportar misiles nucleares.

Este anuncio provocó preocupación en varios países occidentales, ante el retorno de Rusia a otra práctica característica de la Guerra Fría.

La combativa lealtad de la Generación Putin

Yulia Kuliyeva, que con solo 19 años ya es comisaria, interrogaba y evaluaba a unos jóvenes para ver si eran aptos ideológicamente para participar de un campamento de verano. "¿Qué logros de la política de Putin conoces?", preguntó, en referencia a Vladimir V. Putin, presidente de Rusia desde 2000.

"¿Y qué pasa en Chechenia?", continuó, auscultando su conocimiento de un conflicto separatista en el que murieron decenas de miles de personas y que aún continúa.

"Se considera a Chechenia parte de Rusia -respondió la chica-. ¿Continúa la guerra allí?"

"No, todo está tranquilo", dijo Kuliyeva, líder en el departamento ideológico de Nashi, el mayor de un puñado de movimientos juveniles creados por el Kremlin para luchar por el corazón y la mente de los jóvenes rusos en las escuelas, las ondas radiales y televisivas y, si fuera necesario, en las calles.

Desde su creación hace dos años, Nashi, que se traduce como "nuestro", se ha convertido en un instrumento disciplinado y muy bien financiado de la campaña de Putin por el control político ante las elecciones parlamentarias de diciembre y los comicios presidenciales de marzo próximo, cuando el líder ruso abandonará el poder. Organizó marchas masivas de apoyo a Putin y manifestaciones ruidosas por asuntos de política exterior, como el ataque a la embajada de Estonia.

Pero su principal función es cultivar ideológicamente -algunos lo llaman adoctrinar- a la juventud de hoy, "la generación Putin", primera generación en alcanzar la mayoría de edad en la Rusia postsoviética. "¿Por qué la generación de Putin?", se preguntó la vocera nacional de Nashi, Anastasia Suslova, en la sede central del grupo. "Porque Putin cambió a Rusia cualitativamente. Trajo estabilidad y la oportunidad de modernizar y desarrollar el país."

A Nashi, que dice tener 10.000 miembros activos y hasta 200.000 adherentes, se le unieron grupos similares, como la Guardia Joven, que pertenece al partido de Putin, Rusia Unida; Locales, grupo creado por el gobierno de la región de Moscú, y la organización Grigorevtsy, vinculada con la Iglesia Ortodoxa.

"El Kremlin decidió que se puede explotar a organizaciones juveniles", dijo Nikolai V. Petrov, investigador del Centro Carnegie de Moscú. Comparó a los activistas jóvenes con los "lansquenetes", soldados de infantería medievales contratados para llevar adelante campañas militares.

La ideología de Nashi está contenida en un manifiesto basado en los escritos de Vladislav Y. Surkov, asesor político de Putin, conocido como "el Karl Rove del Kremlin" (en alusión al hombre de confianza del presidente George W. Bush, que renunció la semana pasada).

Esa plataforma se caracteriza por su devoción sin fisuras a Putin y por su hostilidad hacia sus críticos. Su ideología promueve la tolerancia étnica y la oposición a los skinheads; la participación en el ejército; apoyo a los huérfanos y jubilados, y el respeto por los veteranos de la Segunda Guerra Mundial. En lo social, hace campaña contra la bebida y el cigarrillo y tiene una visión conservadora: se opone al aborto y al control de la natalidad, alertando contra el uso de condones.

Como Putin, que comparó la política exterior norteamericana con el Tercer Reich, Nashi también incorpora elementos de hostilidad hacia Europa y EE.UU. "En la actualidad, Estados Unidos por un lado, y el terrorismo internacional por el otro, buscan controlar Eurasia y el mundo -dice el manifiesto-. Su mirada se dirige a Rusia. Nuestra tarea es defender la soberanía de nuestro país como lo hicieron nuestros abuelos hace 60 años."

Si bien el Kremlin lo presenta como independiente, a Nashi y los otros grupos se les permite organizar marchas, mientras que se prohíbe o limitan las manifestaciones de la oposición. Entre sus financistas se encuentran el Estado; grandes empresas como Gazprom, el gigante energético estatal, y Norilsk Níkel, de Vladimir O. Potanin, ferviente partidario de Putin.

Los opositores a Nashi lo comparan con el Komsomol, rama juvenil del Partido Comunista de la Unión Soviética, por sus colores y símbolos, y denuncian que recibe entrenamiento paramilitar. Ilya Yashin, líder juvenil de Yabloko, el partido político liberal, dijo que el objetivo es "la intimidación directa de activistas de oposición", en referencia al ataque contra la sede del Partido Nacional Bolchevique, ilegalizado.

Al menos políticamente, Nashi se convirtió en un poderoso instrumento para repudiar aquello que disgusta al Kremlin. Cuando Estonia reubicó un monumento a los caídos soviéticos a fines de abril, Nashi sitió la embajada estonia en Moscú, arrojó piedras y arrancó una bandera de su mástil. Sus miembros, incluido el líder, Vasily G. Yakemenko, acosaron a la embajadora en una conferencia de prensa.

Yashin dijo que el Kremlin corre el riesgo de desatar una ola de activismo que podría salirse de su control, especialmente cuando Putin deje el cargo. "Hoy son leales, pero mañana pueden convertirse en la oposición -agregó-. Y esto puede no ser la Revolución Cultural de la Guardia Roja, como en China, sino algo mucho más serio."