La Nación: Las tropas de elite, estresadas por la violencia en Río de Janeiro
SAN PABLO.- Están preparados para la guerra; tienen entrenamiento de elite, armamento militar y más de 1400 soldados que los cubren con vehículos blindados y helicópteros.
Sin embargo, mientras el gobernador de Río de Janeiro, Sergio Cabral, calificaba de "guerra" el combate contra el narcotráfico en las favelas, ya sumaban ayer casi 150 los agentes de la Fuerza Nacional de Seguridad que abandonaron la misión por no poder soportar la presión.
Según reveló la prensa, uno de cada 12 efectivos de la FNS, la fuerza federal de elite, decidió dejar la misión en las favelas por estrés o a pedido de sus familiares, que se espantan al ver en la televisión las escenas de violencia de los morros.
Resulta tan difícil tomar el control del Complexo do Alemão, un conjunto de villas miseria, que las autoridades admitieron que no logran permanecer en la cima de las favelas. Para ello, dicen, necesitarían más militares y armas.
Los traficantes, la mayoría jóvenes de menos de 30 años, secundados por adolescentes, cuentan con fusiles, granadas y ametralladoras capaces de derribar helicópteros.
Cuando falta una semana para los Juegos Panamericanos, aún hay en Río regiones a las que el Estado no logra acceder con las fuerzas de seguridad, porque durante décadas tampoco llegó con servicios sociales.
A esa falla histórica apuntó ayer el presidente Luiz Inacio Lula da Silva, al lanzar un programa de inversiones en infraestructura -fundamentalmente, agua, cloacas y pavimentación- para las favelas cariocas, de US$ 1500 millones. "Queremos competir con el crimen organizado, con la seguridad de que sólo vamos a poder dominarlo cuando llevemos beneficios sociales a las comunidades más necesitadas", dijo Lula.
Persiste, en tanto, la polémica sobre la violencia utilizada la semana pasada en la incursión policial en la favela. La cifra de muertos, finalmente, podría ser de 22 y no de 19. "Nos gustaría ganar esta guerra sin derramar sangre, pero en este momento hay una criminalidad muy militarizada", justificó Cabral.
El diario portugués Público comparó días atrás dos cifras elocuentes de la guerra ya no tan silenciosa que se libra en Brasil. "Entre 2002 y 2006, fueron asesinados en Medio Oriente 729 menores. En el mismo período, en Río, fueron asesinados 1857 jóvenes". Una guerra de pobres contra pobres.
Sin embargo, mientras el gobernador de Río de Janeiro, Sergio Cabral, calificaba de "guerra" el combate contra el narcotráfico en las favelas, ya sumaban ayer casi 150 los agentes de la Fuerza Nacional de Seguridad que abandonaron la misión por no poder soportar la presión.
Según reveló la prensa, uno de cada 12 efectivos de la FNS, la fuerza federal de elite, decidió dejar la misión en las favelas por estrés o a pedido de sus familiares, que se espantan al ver en la televisión las escenas de violencia de los morros.
Resulta tan difícil tomar el control del Complexo do Alemão, un conjunto de villas miseria, que las autoridades admitieron que no logran permanecer en la cima de las favelas. Para ello, dicen, necesitarían más militares y armas.
Los traficantes, la mayoría jóvenes de menos de 30 años, secundados por adolescentes, cuentan con fusiles, granadas y ametralladoras capaces de derribar helicópteros.
Cuando falta una semana para los Juegos Panamericanos, aún hay en Río regiones a las que el Estado no logra acceder con las fuerzas de seguridad, porque durante décadas tampoco llegó con servicios sociales.
A esa falla histórica apuntó ayer el presidente Luiz Inacio Lula da Silva, al lanzar un programa de inversiones en infraestructura -fundamentalmente, agua, cloacas y pavimentación- para las favelas cariocas, de US$ 1500 millones. "Queremos competir con el crimen organizado, con la seguridad de que sólo vamos a poder dominarlo cuando llevemos beneficios sociales a las comunidades más necesitadas", dijo Lula.
Persiste, en tanto, la polémica sobre la violencia utilizada la semana pasada en la incursión policial en la favela. La cifra de muertos, finalmente, podría ser de 22 y no de 19. "Nos gustaría ganar esta guerra sin derramar sangre, pero en este momento hay una criminalidad muy militarizada", justificó Cabral.
El diario portugués Público comparó días atrás dos cifras elocuentes de la guerra ya no tan silenciosa que se libra en Brasil. "Entre 2002 y 2006, fueron asesinados en Medio Oriente 729 menores. En el mismo período, en Río, fueron asesinados 1857 jóvenes". Una guerra de pobres contra pobres.