La Nación: Piden una dura pena por atropellar y matar
Fue conocido como masacre de Pompeya. Ocurrió en enero de 2005, cuando un presunto malviviente atropelló y mató a una madre, a su hijo y a otra mujer que cruzaban la avenida Sáenz, cuando era perseguido por un grupo de policías de las comisarías 34a. y 36a.
Ayer, el fiscal Clorindo Mendieta solicitó al Tribunal Oral N° 14 que el acusado Fernando Carrera fuera condenado a 30 años de cárcel por su presunta responsabilidad en tres homicidios agravados, robos y lesiones.
En tanto que el abogado del imputado sostuvo que Carrera fue "una víctima más", pidió la absolución de su defendido y solicitó que fuera investigada la supuesta responsabilidad de los policías en la tragedia, debido a que consideró que se habría registrado una serie de irregularidades en la investigación que tendrían como objeto encubrir un error de los uniformados, que habrían confundido al imputado con un delincuente.
En su alegato, el defensor Federico Ravina afirmó que se trató de una "causa armada", porque consideró que "no hubo control judicial" sobre lo que hicieron los uniformados.
Tres días antes del comienzo del juicio oral, el abogado y la esposa del imputado habían ofrecido una conferencia de prensa en la que presentaron los fundamentos de la hipótesis sobre el supuesto armado de la causa. Fueron acompañados por el premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel y por la defensora del pueblo de la ciudad, Alicia Pierini.
Según el defensor, en el proceso "no hubo pruebas ni se demostraron los robos que se le adjudicaron a Carrera para justificar la tragedia". Por tal motivo, el letrado pidió a los jueces que investigaran a los uniformados de ambas comisarías por su presunta responsabilidad en los hechos que terminaron con las muertes de los peatones Gastón Bedoya, de 6 años, de su madre, Fernanda Silva, de 31, y de Edith Custodio, de 41.
Luego de los alegatos, los jueces Beatriz Bistué, Hugo Cataldi y Rosa Lescano dispusieron pasar a un cuarto intermedio hasta el próximo miércoles para escuchar las últimas palabras del imputado y dictar el veredicto.
"El día equivocado"
"Carrera estuvo el día equivocado en el lugar equivocado; no fue el responsable, sino una víctima más de la tragedia", dijo el abogado.
Según explicó el acusado al tribunal, los policías lo confundieron con uno de los ladrones que, por los robos cometidos momentos antes en Villa Lugano y en Mataderos, buscaban a un ex militar y a una pareja de ciudadanos bolivianos. También sostuvo que atropelló a los peatones porque quedó inconsciente por uno de los balazos que le disparó un policía.
Los cinco médicos que declararon como testigos expusieron conclusiones distintas sobre cómo pudo haber gravitado la lesión bucal en la pérdida de dominio del vehículo, un Peugeot 205 blanco. Con respecto al tiroteo, ninguno de los peritos balísticos fue concluyente en sus dictámenes al referirse a las bocas de fuego.
Luego fue el turno de los policías de la 34a. y 36a., que declararon ante el tribunal que ellos habían disparado porque repelieron la agresión del imputado.
No obstante, otro testigo, un civil, aseguró que los disparos fueron sólo en dirección al auto de Carrera. Otros dos testigos, un vecino del barrio y el presidente de la Asociación Amigos de la Comisaría 34a. que estaban cerca de la escena del crimen, expresaron que no habían visto disparar a Carrera.
El acusado tampoco fue reconocido por los testigos de los robos que le adjudicaban: el chofer del colectivo en el que viajaba la pareja asaltada declaró que el automóvil de los ladrones era marca Citroën y no blanco, como el Peugeot de Carrera.
Ayer, el fiscal Clorindo Mendieta solicitó al Tribunal Oral N° 14 que el acusado Fernando Carrera fuera condenado a 30 años de cárcel por su presunta responsabilidad en tres homicidios agravados, robos y lesiones.
En tanto que el abogado del imputado sostuvo que Carrera fue "una víctima más", pidió la absolución de su defendido y solicitó que fuera investigada la supuesta responsabilidad de los policías en la tragedia, debido a que consideró que se habría registrado una serie de irregularidades en la investigación que tendrían como objeto encubrir un error de los uniformados, que habrían confundido al imputado con un delincuente.
En su alegato, el defensor Federico Ravina afirmó que se trató de una "causa armada", porque consideró que "no hubo control judicial" sobre lo que hicieron los uniformados.
Tres días antes del comienzo del juicio oral, el abogado y la esposa del imputado habían ofrecido una conferencia de prensa en la que presentaron los fundamentos de la hipótesis sobre el supuesto armado de la causa. Fueron acompañados por el premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel y por la defensora del pueblo de la ciudad, Alicia Pierini.
Según el defensor, en el proceso "no hubo pruebas ni se demostraron los robos que se le adjudicaron a Carrera para justificar la tragedia". Por tal motivo, el letrado pidió a los jueces que investigaran a los uniformados de ambas comisarías por su presunta responsabilidad en los hechos que terminaron con las muertes de los peatones Gastón Bedoya, de 6 años, de su madre, Fernanda Silva, de 31, y de Edith Custodio, de 41.
Luego de los alegatos, los jueces Beatriz Bistué, Hugo Cataldi y Rosa Lescano dispusieron pasar a un cuarto intermedio hasta el próximo miércoles para escuchar las últimas palabras del imputado y dictar el veredicto.
"El día equivocado"
"Carrera estuvo el día equivocado en el lugar equivocado; no fue el responsable, sino una víctima más de la tragedia", dijo el abogado.
Según explicó el acusado al tribunal, los policías lo confundieron con uno de los ladrones que, por los robos cometidos momentos antes en Villa Lugano y en Mataderos, buscaban a un ex militar y a una pareja de ciudadanos bolivianos. También sostuvo que atropelló a los peatones porque quedó inconsciente por uno de los balazos que le disparó un policía.
Los cinco médicos que declararon como testigos expusieron conclusiones distintas sobre cómo pudo haber gravitado la lesión bucal en la pérdida de dominio del vehículo, un Peugeot 205 blanco. Con respecto al tiroteo, ninguno de los peritos balísticos fue concluyente en sus dictámenes al referirse a las bocas de fuego.
Luego fue el turno de los policías de la 34a. y 36a., que declararon ante el tribunal que ellos habían disparado porque repelieron la agresión del imputado.
No obstante, otro testigo, un civil, aseguró que los disparos fueron sólo en dirección al auto de Carrera. Otros dos testigos, un vecino del barrio y el presidente de la Asociación Amigos de la Comisaría 34a. que estaban cerca de la escena del crimen, expresaron que no habían visto disparar a Carrera.
El acusado tampoco fue reconocido por los testigos de los robos que le adjudicaban: el chofer del colectivo en el que viajaba la pareja asaltada declaró que el automóvil de los ladrones era marca Citroën y no blanco, como el Peugeot de Carrera.