29 de junio de 2007

La Nación: No ceden en Río los combates entre la policía y los narcos

SAN PABLO.- En un combate sin tregua y apenas un día después de perder a 19 "soldados", los traficantes del complejo de favelas Alemão, en la zona norte de Río de Janeiro, volvieron a repeler ayer a tiros a las fuerzas de seguridad brasileñas.

A pesar de la ocupación policial, que ya lleva dos meses, en la cima de los morros el control permanecía ayer en manos de los grupos de narcotraficantes que controlan la venta de cocaína y marihuana en Río de Janeiro, y si bien no se registraron nuevas muertes, los traficantes lograron impedir el acceso de un vehículo blindado a algunas regiones de las favelas.

"Son lugares de difícil acceso y operación. A pesar de las bajas que tuvieron, el poder bélico de ellos en esas áreas todavía es grande. Y tienen condiciones como para recuperarse", afirmó ayer el secretario de Seguridad de Río de Janeiro, José Mariano Beltrame.

La operación policial de anteayer, que empleó a 1350 agentes de la Fuerza Nacional de Seguridad y las policías civil y militar, fue la mayor de la historia para reprimir el narcotráfico en una zona de Río de Janeiro.

Según Beltrame, en la incursión de anteayer se llegó a zonas donde la policía no había podido acceder en dos décadas. Y pese a las armas de guerra, el entrenamiento y los chalecos antibalas, los agentes también tuvieron dificultad para dejar el lugar.

Una frase de Beltrame provocó sorpresa. "Esta vez la Secretaría rompió el pacto de no agresión contra los bandidos", dijo.

Fue el reconocimiento oficial de algo que en Río es sabido desde hace muchos años: los períodos de tranquilidad son aquellos en los que hay un pacto de no perjudicar el negocio de la venta de drogas en las favelas, a cambio de que los traficantes no produzcan costo político generando episodios de violencia en la ciudad.

Es durante esos períodos de "paz" negociada que las organizaciones se arman: anteayer ya contaban con misiles antitanques, fusiles de guerra, ametralladoras antiaéreas y 50 explosivos.

Los jóvenes que caen en las operaciones, conocidos como los "soldados" del narcotráfico, tienen entre 16 y 25 años, andan en ojotas, shorts y camisetas, y portan generalmente fusiles AR-15 o pistolas 9 milímetros. Ganan entre 200 y 250 dólares por mes para actuar como agentes de seguridad y vigilancia del narcotráfico.

La mayoría comienza en la adolescencia haciendo de "olheiros" -avisando cuando llega la policía-, y es raro encontrar un traficante de más de 30 años, porque todos mueren antes.

Críticas a la operación

La violencia de la operación fue criticada por los organismos de derechos humanos y por las asociaciones de vecinos. Durante el combate contra algunos cientos de jóvenes que forman parte de las organizaciones criminales, la vida de los 160.000 habitantes del complejo de favelas Alemão se pone en riesgo y queda paralizada.

La operación "es el resultado de una policía de seguridad pública basada en el enfrentamiento y que es criminalizadora de la pobreza; desde el 2 de mayo ha habido más de 43 muertos y 81 heridos", criticó, mediante un comunicado, un grupo de 16 organizaciones civiles brasileñas.

Según ese comunicado, la ocupación, con tanques de guerra y armas militares, "no produjo detenciones importantes de traficantes, y sí la muerte y heridas de vecinos y policías; el cierre de comercios, de los centros de salud, las escuelas y jardines de infantes". "Las policías más eficientes del mundo desarticularon redes criminales sin la utilización de violencia letal, y sí con capacidad de investigación", advirtió.

Pero según Beltrame, la situación de tener que enfrentar a sangre y fuego a los traficantes empeorará con el correr de los años. "En las operaciones que se realicen el año que viene, las muertes serán aún más."