Clarín: La insólita travesía de una valija de cocaína por el microcentro porteño
En el aeropuerto cumplió con los requisitos de embarque y despachó la valija. Pero sus planes se torcieron: el escaner de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) detectó una composición extraña en su equipaje; llevó pocos minutos confirmar —a través de una reacción química— que la valija estaba hecha de cocaína. En total, seis kilos.
Ocurrió el viernes 8 y ese fue el primer episodio de una travesía de operativos que se sucedieron en 24 horas y llevaron a la valija de gira por el microcentro porteño, incluyendo escalas en un local de comidas rápidas en Corrientes y Florida y una caminata por Lavalle y Suipacha con 17 custodias de civil rodeándola.
De arrepentido en arrepentido el juez en lo Penal Económico Marcelo Aguinsky logró pasar de la simple "mula" a un intermediario de segunda línea, y de él al narco colombiano encargado de mandar los embarques desde la Argentina hacia Europa.
Aguinsky recibió el aviso de la detención del argentino por teléfono cerca de las 13.30 del viernes 8 y decidió indagarlo ese mismo día por el delito de contrabando de estupefacientes. El detenido entró al juzgado a las 20 y poco después aceptó convertirse en un "arrepentido", figura de Ley de drogas que ofrece una reducción de penas a quienes colaboran con la Justicia.
La excusa de la niebla y el hecho de que quien le había dado la droga también le había entregado un celular sirvieron para armar la trampa.
El argentino volvió al hotel de Retiro que había dejado por la mañana pero esta vez acompañado por media docena de agentes de la PSA. El plan original era llevar al contacto colombiano hasta el hotel, pero no resultó tan fácil.
Con el celular que le habían dado, el argentino (que iba a cobrar unos 3.000 euros por llevar la droga a España) llamó a su contacto colombiano. "Le dijo que no había podido viajar por la niebla y que ya se había puesto muy nervioso, que se retiraba y necesitaba entregarle la valija", contaron fuentes judiciales a Clarín.
El contacto colombiano no quiso ir al hotel y lo citó en un lugar no sólo céntrico sino muy público: una mesa del local de Corrientes y Florida, a sólo cuatro cuadras del Obelisco.
Armar el operativo de contención del "arrepentido" llevó su tiempo. Se le avisó a las autoridades del local y se llenó el primer piso de agentes de la PSA. En total ocuparon siete mesas.
Eran las 11 del sábado 9. Todo estaba listo, y apareció el contacto... pero no era el que conocía la "mula" sino otro colombiano. El hombre, morocho y fornido, se sentó frente a él y le pasó un celular para que escuchara las instrucciones que le iban a dar.
El argentino tomó el celular y entonces sí el contacto colombiano que conocía le ordenó que le entregara la valija a su emisario. No bien éste la agarró, la PSA le cayó encima. Allí mismo, frente a dos testigos, el segundo detenido del expediente se convirtió en el segundo arrepentido.
Mientras el emisario colombiano dejaba asentado en el acto su conformidad comenzó a sonar el celular que había llevado. El juez Aguinsky dio la aprobación para atender la llamada y así los dos colombianos quedaron en encontrarse.
"La instrucción que recibió fue de ir hasta Lavalle y Carlos Pellegrini y caminar entre la gente con la valija hacia Suipacha. La PSA lo llevó en una combi, lo bajó a dos cuadras y lo rodeó de gente", agregaron las fuentes.
El colombiano comenzó su caminata y a los pocos metros se le acercó su jefe. "¿Te siguieron?" le preguntó, y el arrepentido no mintió: "Sí", le contestó.
El segundo colombiano comenzó a correr pero fue inútil. El operativo en plena peatonal alertó a porteños y turistas y el lugar se llenó de curiosos. Entonces ocurrió algo más en esa sucesión de hechos insólitos: entre los que miraban la PSA detectó a otros dos colombianos con pedido de captura desde principio de año también por contrabando de drogas. Ahí mismo quedaron detenidos. Todos habían llegado al país desde Bogotá con una misión: triangular cocaína hacia Europa con mulas argentinas.