30 de mayo de 2007

Infobae: La víctima de un secuestro y sus 43 días de terror

La primera jornada del juicio que se le sigue a la banda de Sergio Orlando Leiva, alias "El Negro Sombra", contó con el estremecedor relato de la víctima, quien recordó que durante los 43 días que estuvo vendado y encadenado lo amenazaban con cortarle los dedos, le gatillaron en la cabeza, sólo le daban pan y agua y lo obligaban a hacer sus necesidades en un tacho.

"Me decían que si mi hijo no pagaba me iban a mandar en raciones: primero los dedos, las orejas...", contó Rodríguez sobre las amenazas de amputación ante el Tribunal Oral en lo Criminal Federal (TOF) 1 de San Martín.

El hombre, de 76 años, se presentó sin barba, con algunos kilos de más y vestido con un pantalón azul y una campera de cuero marrón. No se asemejaba en nada a las fotografías que le tomaron el día de su liberación.

Rodríguez no pudo reconocer a ninguno de los cuatro imputados porque aclaró que siempre estuvo "vendado" y nunca quiso espiar porque los secuestradores lo amenazaban constantemente diciéndole que si veía algo lo iban a matar, pero dijo que por las voces pudo distinguir entre seis y siete personas.

Con la ayuda de una serie de anotaciones que hizo mientras estuvo internado tras su liberación para no olvidar ningún detalle, realizó una cronología de sus 43 días de cautiverio que se iniciaron el 23 de diciembre cuando lo capturaron al salir de su casa de la localidad de General Rodríguez.

Según la víctima, uno de los delincuentes le dijo que hacía rato que lo estaban buscando y que pensaban en la posibilidad de viajar a "La Rosa", la quinta que su hijo tiene en Punta del Este para secuestrar a hijos del empresario, es decir,
a sus nietos.

También aseguró que cuando le dijeron que había pedido 900 mil dólares de rescate, él les contestó: "Andá haciéndome un lugar acá porque no tenemos esa plata", a lo que el secuestrador le dijo: "Tu hijo la hizo con lo del teléfono o que se la pida a Susana (Gimenez)".

Contó que estuvo en dos sitios de cautiverio y que en el primero, donde pasó la Navidad, cuando le dieron de comer facturas y gaseosa encontró una rata abriendo el paquete.

Luego, señaló que el viernes 26 lo trasladaron al segundo y definitivo lugar de captura, el campo de San Andrés de Giles, mientras le hacían creer que lo estaban liberando.

"Me encadenaron el pie derecho y el brazo izquierda a un catre, me pusieron un foco y una radio muy fuerte. Escuché muchas barbaridades, incluso a un miserable que dijo que hicimos un autosecuestro para sacarle la plata a Susana", relató la víctima.

También comentó que para hacer sus necesidades los secuestradores le dejaron "un tacho" de pintura y que a veces "pasaban tres o cuatro días" conviviendo con sus deposiciones.

Mencionó que los secuestradores tardaron varios días en darle los remedios que necesitaba para el corazón, la presión y la próstata y que le daban de comer "pan y agua", a veces una "gaseosa espantosa" y una vez "un pedazo de carne que era como un palo de dura".

Respecto a los padecimientos que sufrió recordó que algunos le "gatillaban en la cabeza", que "otro se divertían" diciéndole que le iban a "cortar un dedo", otro amenazó con pasarle 220 voltios y que un día que se quejó por el calor lo "manguerearon".

Sobre su liberación recordó que el 4 de febrero por la mañana escuchó cómo golpeaban la puerta de la pequeña habitación donde estaba y que si bien él pensó que eran sus captores, de repente cayó la puerta y una persona gritó "acá está" y luego le tocó la cabeza y le dijo: "Tranquilo, policía, viste que no somos tan malos los de la Bonaerense".